Andres28
December 2nd, 2009, 03:23 AM
"La arquitectura es progreso y evolución”
Puerto Madero, chateaux pampeanos, autopista ribereña y modas, en la visión del arquitecto que marcó a fuego Buenos Aires.
Por Constanza Guariglia
Vive en uno de los edificios que él pensó, diseñó y construyó. Y desde el 9° piso, la vista que tiene de Buenos Aires no parece ser ni casual ni gratuita. Desde su balcón puede verse la Torre Le Parc, sólo uno de los edificios que lanzó a la ciudad, una de las modernas megalópolis del continente. La lista de sus obras relevantes sigue: el Teatro General San Martín, el edificio de Somisa en Diagonal Sur y Belgrano, la Bolsa de Comercio, el túnel subfluvial Santa Fe-Paraná, e incluye aeropuertos, viviendas de interés social, galerías, hoteles… Mientras el fotógrafo prepara luces y espacios, es Laura, su asistente desde hace más de 25 años, quien hace de anfitriona: “El arquitecto sigue trabajando. Pidió que lo llamara cuando esté todo listo, porque aprovecha hasta el último segundo”, explica con orgullo y cariño. Cuando este cultor de la sencillez, la sobriedad y la eficacia se presenta, luce impecable, de traje y corbata y saluda con gran cordialidad y calidez. Sobre la biblioteca, hay un escudo familiar: “Era el de mi esposa, Jorgelina Ortiz de Rosas. Era descendiente de Juan Manuel de Rosas”, cuenta. Tuvieron dos hijos, Juana María y Mario Roberto, con quien comparte el nombre y la profesión: integra su estudio MRAyA y trabaja con la misma pasión que su padre. Un poco más abajo exhibe la Medalla del Bicentenario que le entregó recientemente el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por su labor durante el siglo XX.
Noticias: ¿Qué significa para usted este reconocimiento?
Mario Roberto Álvarez: El Gobierno de la Ciudad sólo ha entregado 200 de estas medallas y para mí constituye una honrosa distinción ciudadana a quien ha procurado, con suerte variada, mejorar la ciudad.
Noticias: También la Universidad de Morón lo ha distinguido con el título de Doctor Honoris Causa…
Álvarez: Sí, creo que ese reconocimiento, también muy honroso, significará el premio a la correcta y apasionada dedicación profesional o, como dijo la Universidad, a la meritoria trayectoria.
Noticias: Usted parece ser una persona muy rigurosa, ¿es así?
Álvarez: Trato de tener orden en todo sentido. Amo la puntualidad, la dedicación y busco siempre lo mejor aunque me cueste mucho tiempo y dinero. Trato de hacer cosas funcionales pero simples, y para lograr eso hay que trabajar mucho. No siempre lo primero que a uno se le ocurre es bueno. Hay que hacer mucho, criticarse sin piedad y quedarse con lo que ya no se es capaz de mejorar.
Noticias: ¿Siempre fue así o fue adquiriendo esa cualidad a medida que avanzó en el trabajo y la vida?
Álvarez: Creo que siempre fui así (ríe).
Noticias: ¿Por qué eligió arquitectura?
Álvarez: Por vocación, a pesar de muchas recomendaciones en contra. Mi origen es el de una familia sobria y humilde de los años `30. Todo el mundo sostenía que la arquitectura era exclusiva de familias ricas con vinculaciones. Y nosotros desde ya que no teníamos ese tipo de relaciones como para encarar esta profesión. Es así como en los comienzos tuve una mano atrás y la otra también. Era muy pero muy difícil tener un cliente.
Noticias: ¿Cómo recuerda esos años?
Álvarez: De mucha austeridad. Tenía 23 años y nos presentábamos a muchos concursos y realizábamos todas las obras y obritas que se nos presentaban. Recuerdo que para llegar a una de las primeras que hicimos tenía que tomarme 3 colectivos. Esto demuestra los inconvenientes de no tener automóvil y tener ganas de hacer las cosas muy bien y llegar a horario.
Noticias: ¿A qué se dedicaban sus padres?
Álvarez: Mi padre era empleado de una importante empresa de tiendas, Tiendas San Juan. Era jefe de una de las secciones y, por sugerencia de uno de los titulares, compró muchas acciones de la empresa. De la noche a la mañana, la empresa quebró y él se quedó sin trabajo. Pasamos por una época muy difícil. Tanto es así que para poder estudiar tuve que trabajar y, de todos mis compañeros, yo era el único que trabajaba. Lo más duro fue que, en vez de ser incentivado y apoyado por mis profesores, uno de ellos, con espíritu oligárquico, cuando le dije que no podría ir a sus clases de mañana porque trabajaba me contestó: “Jovencito, se estudia o se trabaja”. Con ese aliciente encaré la profesión.
Noticias: ¿De qué manera influyó precisamente la oligarquía en la arquitectura de nuestro país?
Álvarez: Bueno, por las inclinaciones estéticas de la gente rica, la ciudad tuvo hasta hace poco una gran influencia de la arquitectura francesa. La mayoría de los arquitectos importantes que trabajaron en el país eran originarios de Francia. Tanto es así que tenemos, en plena Pampa, pequeños chateaux como cascos de estancias.
Noticias: ¿Qué le parece, entonces, el edificio que se inauguró hace poco en la Avenida Libertador a la altura de Núñez, el Chateaux Libertador?
Álvarez: Preferiría no hacer comentarios pero le puedo decir que, a esta altura de mi carrera, me sorprende que aún se haga arquitectura con formas del pasado. Cada época tiene su forma y su arquitectura. Me resulta inconcebible que se hagan edificios como los que usted menciona. Sin embargo, están.
Noticias: Quizás sea un intento por recuperar el pasado frente a la falta de preservación tan argentina.
Álvarez: No todo lo que tiene más de 50 años tiene valor y debe ser preservado. Y de serlo, tiene que ser utilizado. Lo preservado no puede atentar contra la renovación urbana y debe integrarse a la vida ciudadana. La arquitectura es progreso y evolución. No es mirar para atrás y copiar lo hecho. Ayuda al progreso, como la medicina.
Noticias: ¿Y la arquitectura posmoderna?
Álvarez: Si no hace lo que dije, es mala (ríe). La arquitectura no es moda. Las modas cambian, la arquitectura avanza. Desde la antigüedad hasta la fecha es el producto de los avances técnicos y de las posibilidades reconstructivas. Nunca avanzó algo sobre la base de copias falsas. Lo que hay que hacer es avanzar sobre la base de la síntesis, la sobriedad, la simplicidad y la eficiencia. Eso es lo que perdura. Todo lo otro es moda.
Noticias: ¿Cómo le parece que se podría llegar a aliviar el tráfico en la ciudad?
Álvarez: Primero, hay que intentar suspender el estacionamiento en superficie y, para ello, hay que construir más estacionamientos subterráneos. También hay que intentar que ingresen menos autos que vienen de la periferia y que la gente se mueva hacia el centro en subte. En todas las ciudades de Europa existe un impuesto o patente para poder ingresar a la ciudad.
Noticias: ¿Y la autopista ribereña?
Álvarez: Es uno de los temas que me preocupan. En el año ‘97, con otros dos arquitectos y por pedido de la Corporación Puerto Madero, realizamos la traza de la autopista Ribereña que consiste en atacar Puerto Madero desde atrás. Hoy los accesos a la zona son penosos: 4 estrechos puentes que, para colmo de males, se abren de vez en cuando para que salgan barcos. Nuestra propuesta es que se acceda a la zona por detrás tanto desde el sur como del norte. De esta manera también se podría ingresar fácilmente a la reserva ecológica, que debería ya convertirse en un gran parque público. A la vez, tendría la ventaja de llegar hasta el puerto con lo cual evitaríamos que ingresen a la ciudad los dos mil y pico de camiones que circulan hoy por Buenos Aires. En el 2007 hemos propuesto otra traza sin pasar por la Reserva Ecológica, con similares méritos a la aprobada en 1997.
Noticias: ¿Y cuándo se realizará esta obra?
Álvarez: La propuesta fue aprobada en el ’97 e inclusive se hizo el estudio de factibilidad. Lo único que falta es la decisión política de hacer algo bien en vez de hacer algo más barato pero mal.
Noticias: ¿Le gusta Puerto Madero?
Álvarez: En ciertos aspectos sí y en otros, no tanto. Creo que por alguna falla del código de construcción hay un amontonamiento de torres. Debería existir más diferenciación porque resulta un poco absurdo irse a vivir a un lugar tan agradable para terminar con una torre al lado de la otra con falta de perspectiva, de vistas.
Noticias: Usted ha dicho que mientras Clorindo Testa es un arquitecto artista, usted es un arquitecto ingeniero. ¿Cuál sería la gran diferencia?
Álvarez: Busco la eficiencia por el lado de la técnica. Creo en la estética de la estática y en ser un arquitecto ingeniero. Mi ideal a seguir siempre fue Pier Luigi Nervi, un gran ingeniero italiano al cual tuve la fortuna de conocer. De él aprendí que la eficiencia consiste en tener una buena arquitectura e ingeniería. No hay ninguna “Miss Mundo” sin un buen esqueleto. Creo que hay que hacer las obras con un buen esqueleto y, en lo posible, sintético, simple y sobrio.
Noticias: A los 96 años está activo, a la vanguardia, lúcido, ¿cuál es su secreto?
Álvarez: Haber trabajado mucho. También siempre me he cuidado mucho la salud. Nunca he fumado, siempre hice ejercicios y si bien me gusta beber, lo hago con moderación. Trabajo como enano desde los 15 años. Creo que es eso, más mucha suerte. O ayuda desde “arriba” o desde dónde sea.
Noticias: ¿Le ha quedado alguna obra que hubiera querido hacer y no pudo?
Álvarez: Una iglesia.
Noticias: ¿Una iglesia?, que interesante…, ¿qué tipo de iglesia haría?
Álvarez: Bueno, en realidad, es un conflicto para mí. No es tanto que me hubiera gustado hacerla sino que sería un desafío, algo muy muy difícil de realizar. Una única vez intervine en un concurso para construir una iglesia. Fue una convocatoria de (el cardenal) Quarracino, que entonces era Principal de Avellaneda. Hizo un concurso privado en el que participaron muchos arquitectos y con nuestro estudio presentamos un proyecto contemporáneo. Por mala suerte, Quarracino premió uno gótico. Gótico hecho con revoque. Cuando me devolvió los planos le dije, con toda irreverencia, que estaba equivocado. Que haría en revoque lo que los antiguos hicieron en piedra; que la iglesia en todo el mundo hacía arquitectura actual y que no era posible que hiciera en Avellaneda una iglesia gótica. Algo debe haber pasado porque lo que se hizo finalmente aunque nunca lo vi, es contemporáneo. Quizás mi irreverencia sirvió.
http://www.revista-noticias.com.ar/comun/nota.php?art=2375&ed=1717
Puerto Madero, chateaux pampeanos, autopista ribereña y modas, en la visión del arquitecto que marcó a fuego Buenos Aires.
Por Constanza Guariglia
Vive en uno de los edificios que él pensó, diseñó y construyó. Y desde el 9° piso, la vista que tiene de Buenos Aires no parece ser ni casual ni gratuita. Desde su balcón puede verse la Torre Le Parc, sólo uno de los edificios que lanzó a la ciudad, una de las modernas megalópolis del continente. La lista de sus obras relevantes sigue: el Teatro General San Martín, el edificio de Somisa en Diagonal Sur y Belgrano, la Bolsa de Comercio, el túnel subfluvial Santa Fe-Paraná, e incluye aeropuertos, viviendas de interés social, galerías, hoteles… Mientras el fotógrafo prepara luces y espacios, es Laura, su asistente desde hace más de 25 años, quien hace de anfitriona: “El arquitecto sigue trabajando. Pidió que lo llamara cuando esté todo listo, porque aprovecha hasta el último segundo”, explica con orgullo y cariño. Cuando este cultor de la sencillez, la sobriedad y la eficacia se presenta, luce impecable, de traje y corbata y saluda con gran cordialidad y calidez. Sobre la biblioteca, hay un escudo familiar: “Era el de mi esposa, Jorgelina Ortiz de Rosas. Era descendiente de Juan Manuel de Rosas”, cuenta. Tuvieron dos hijos, Juana María y Mario Roberto, con quien comparte el nombre y la profesión: integra su estudio MRAyA y trabaja con la misma pasión que su padre. Un poco más abajo exhibe la Medalla del Bicentenario que le entregó recientemente el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por su labor durante el siglo XX.
Noticias: ¿Qué significa para usted este reconocimiento?
Mario Roberto Álvarez: El Gobierno de la Ciudad sólo ha entregado 200 de estas medallas y para mí constituye una honrosa distinción ciudadana a quien ha procurado, con suerte variada, mejorar la ciudad.
Noticias: También la Universidad de Morón lo ha distinguido con el título de Doctor Honoris Causa…
Álvarez: Sí, creo que ese reconocimiento, también muy honroso, significará el premio a la correcta y apasionada dedicación profesional o, como dijo la Universidad, a la meritoria trayectoria.
Noticias: Usted parece ser una persona muy rigurosa, ¿es así?
Álvarez: Trato de tener orden en todo sentido. Amo la puntualidad, la dedicación y busco siempre lo mejor aunque me cueste mucho tiempo y dinero. Trato de hacer cosas funcionales pero simples, y para lograr eso hay que trabajar mucho. No siempre lo primero que a uno se le ocurre es bueno. Hay que hacer mucho, criticarse sin piedad y quedarse con lo que ya no se es capaz de mejorar.
Noticias: ¿Siempre fue así o fue adquiriendo esa cualidad a medida que avanzó en el trabajo y la vida?
Álvarez: Creo que siempre fui así (ríe).
Noticias: ¿Por qué eligió arquitectura?
Álvarez: Por vocación, a pesar de muchas recomendaciones en contra. Mi origen es el de una familia sobria y humilde de los años `30. Todo el mundo sostenía que la arquitectura era exclusiva de familias ricas con vinculaciones. Y nosotros desde ya que no teníamos ese tipo de relaciones como para encarar esta profesión. Es así como en los comienzos tuve una mano atrás y la otra también. Era muy pero muy difícil tener un cliente.
Noticias: ¿Cómo recuerda esos años?
Álvarez: De mucha austeridad. Tenía 23 años y nos presentábamos a muchos concursos y realizábamos todas las obras y obritas que se nos presentaban. Recuerdo que para llegar a una de las primeras que hicimos tenía que tomarme 3 colectivos. Esto demuestra los inconvenientes de no tener automóvil y tener ganas de hacer las cosas muy bien y llegar a horario.
Noticias: ¿A qué se dedicaban sus padres?
Álvarez: Mi padre era empleado de una importante empresa de tiendas, Tiendas San Juan. Era jefe de una de las secciones y, por sugerencia de uno de los titulares, compró muchas acciones de la empresa. De la noche a la mañana, la empresa quebró y él se quedó sin trabajo. Pasamos por una época muy difícil. Tanto es así que para poder estudiar tuve que trabajar y, de todos mis compañeros, yo era el único que trabajaba. Lo más duro fue que, en vez de ser incentivado y apoyado por mis profesores, uno de ellos, con espíritu oligárquico, cuando le dije que no podría ir a sus clases de mañana porque trabajaba me contestó: “Jovencito, se estudia o se trabaja”. Con ese aliciente encaré la profesión.
Noticias: ¿De qué manera influyó precisamente la oligarquía en la arquitectura de nuestro país?
Álvarez: Bueno, por las inclinaciones estéticas de la gente rica, la ciudad tuvo hasta hace poco una gran influencia de la arquitectura francesa. La mayoría de los arquitectos importantes que trabajaron en el país eran originarios de Francia. Tanto es así que tenemos, en plena Pampa, pequeños chateaux como cascos de estancias.
Noticias: ¿Qué le parece, entonces, el edificio que se inauguró hace poco en la Avenida Libertador a la altura de Núñez, el Chateaux Libertador?
Álvarez: Preferiría no hacer comentarios pero le puedo decir que, a esta altura de mi carrera, me sorprende que aún se haga arquitectura con formas del pasado. Cada época tiene su forma y su arquitectura. Me resulta inconcebible que se hagan edificios como los que usted menciona. Sin embargo, están.
Noticias: Quizás sea un intento por recuperar el pasado frente a la falta de preservación tan argentina.
Álvarez: No todo lo que tiene más de 50 años tiene valor y debe ser preservado. Y de serlo, tiene que ser utilizado. Lo preservado no puede atentar contra la renovación urbana y debe integrarse a la vida ciudadana. La arquitectura es progreso y evolución. No es mirar para atrás y copiar lo hecho. Ayuda al progreso, como la medicina.
Noticias: ¿Y la arquitectura posmoderna?
Álvarez: Si no hace lo que dije, es mala (ríe). La arquitectura no es moda. Las modas cambian, la arquitectura avanza. Desde la antigüedad hasta la fecha es el producto de los avances técnicos y de las posibilidades reconstructivas. Nunca avanzó algo sobre la base de copias falsas. Lo que hay que hacer es avanzar sobre la base de la síntesis, la sobriedad, la simplicidad y la eficiencia. Eso es lo que perdura. Todo lo otro es moda.
Noticias: ¿Cómo le parece que se podría llegar a aliviar el tráfico en la ciudad?
Álvarez: Primero, hay que intentar suspender el estacionamiento en superficie y, para ello, hay que construir más estacionamientos subterráneos. También hay que intentar que ingresen menos autos que vienen de la periferia y que la gente se mueva hacia el centro en subte. En todas las ciudades de Europa existe un impuesto o patente para poder ingresar a la ciudad.
Noticias: ¿Y la autopista ribereña?
Álvarez: Es uno de los temas que me preocupan. En el año ‘97, con otros dos arquitectos y por pedido de la Corporación Puerto Madero, realizamos la traza de la autopista Ribereña que consiste en atacar Puerto Madero desde atrás. Hoy los accesos a la zona son penosos: 4 estrechos puentes que, para colmo de males, se abren de vez en cuando para que salgan barcos. Nuestra propuesta es que se acceda a la zona por detrás tanto desde el sur como del norte. De esta manera también se podría ingresar fácilmente a la reserva ecológica, que debería ya convertirse en un gran parque público. A la vez, tendría la ventaja de llegar hasta el puerto con lo cual evitaríamos que ingresen a la ciudad los dos mil y pico de camiones que circulan hoy por Buenos Aires. En el 2007 hemos propuesto otra traza sin pasar por la Reserva Ecológica, con similares méritos a la aprobada en 1997.
Noticias: ¿Y cuándo se realizará esta obra?
Álvarez: La propuesta fue aprobada en el ’97 e inclusive se hizo el estudio de factibilidad. Lo único que falta es la decisión política de hacer algo bien en vez de hacer algo más barato pero mal.
Noticias: ¿Le gusta Puerto Madero?
Álvarez: En ciertos aspectos sí y en otros, no tanto. Creo que por alguna falla del código de construcción hay un amontonamiento de torres. Debería existir más diferenciación porque resulta un poco absurdo irse a vivir a un lugar tan agradable para terminar con una torre al lado de la otra con falta de perspectiva, de vistas.
Noticias: Usted ha dicho que mientras Clorindo Testa es un arquitecto artista, usted es un arquitecto ingeniero. ¿Cuál sería la gran diferencia?
Álvarez: Busco la eficiencia por el lado de la técnica. Creo en la estética de la estática y en ser un arquitecto ingeniero. Mi ideal a seguir siempre fue Pier Luigi Nervi, un gran ingeniero italiano al cual tuve la fortuna de conocer. De él aprendí que la eficiencia consiste en tener una buena arquitectura e ingeniería. No hay ninguna “Miss Mundo” sin un buen esqueleto. Creo que hay que hacer las obras con un buen esqueleto y, en lo posible, sintético, simple y sobrio.
Noticias: A los 96 años está activo, a la vanguardia, lúcido, ¿cuál es su secreto?
Álvarez: Haber trabajado mucho. También siempre me he cuidado mucho la salud. Nunca he fumado, siempre hice ejercicios y si bien me gusta beber, lo hago con moderación. Trabajo como enano desde los 15 años. Creo que es eso, más mucha suerte. O ayuda desde “arriba” o desde dónde sea.
Noticias: ¿Le ha quedado alguna obra que hubiera querido hacer y no pudo?
Álvarez: Una iglesia.
Noticias: ¿Una iglesia?, que interesante…, ¿qué tipo de iglesia haría?
Álvarez: Bueno, en realidad, es un conflicto para mí. No es tanto que me hubiera gustado hacerla sino que sería un desafío, algo muy muy difícil de realizar. Una única vez intervine en un concurso para construir una iglesia. Fue una convocatoria de (el cardenal) Quarracino, que entonces era Principal de Avellaneda. Hizo un concurso privado en el que participaron muchos arquitectos y con nuestro estudio presentamos un proyecto contemporáneo. Por mala suerte, Quarracino premió uno gótico. Gótico hecho con revoque. Cuando me devolvió los planos le dije, con toda irreverencia, que estaba equivocado. Que haría en revoque lo que los antiguos hicieron en piedra; que la iglesia en todo el mundo hacía arquitectura actual y que no era posible que hiciera en Avellaneda una iglesia gótica. Algo debe haber pasado porque lo que se hizo finalmente aunque nunca lo vi, es contemporáneo. Quizás mi irreverencia sirvió.
http://www.revista-noticias.com.ar/comun/nota.php?art=2375&ed=1717