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April 19th, 2005, 12:42 AM
El TLC con EE.UU. no será la catástrofe ni tampoco la varita mágica que nos sacará de nuestros problemas. Es una oportunidad que no debemos dejar pasar.
Hoy se inicia en Lima otra ronda de negociación del tratado de libre comercio (TLC) con Estados Unidos. Diversos grupos que perciben que sus intereses económicos podrían verse afectados por el tratado han anunciado protestas y demostraciones de descontento. Las protestas, si bien legítimas, tienen el potencial de transmitirle a la población una sensación de temor y rechazo de lo que, posiblemente, no conoce bien. Más aun si son acompañadas de cierres de carreteras y marchas que perturban el orden público y atentan contra el derecho a movilizarse y trabajar libremente. Esta semana puede ser clave en la opinión que nos formemos sobre el TLC. Debemos ser cuidadosos. El TLC no será la catástrofe que algunos dicen ni tampoco la varita mágica que nos sacará de todos nuestros problemas. El TLC es, sin lugar a dudas, una oportunidad que no debemos dejar pasar. Profundizar el acceso de los productos y servicios peruanos al mercado más grande del mundo significará que nuestros empresarios podrán tentar suerte en un mercado cuyo ingreso promedio es 18 veces más alto que el peruano. Esta oportunidad ya está siendo aprovechada por empresas peruanas de diversos tamaños y generando empleo en Piura, Chiclayo, Trujillo, Áncash, Ica, entre otras ciudades. Si bien el Perú se ha abierto relativamente tarde al mercado internacional, ya existen suficientes historias de éxito que vale la pena contar. Es un hecho que para algunos sectores la liberación del comercio no es una oportunidad, sino una amenaza. Esto no debe ser razón para darle la espalda al acuerdo. La existencia de sectores amenazados por el TLC debe ser la palanca que lleve, de una vez por todas, a trabajar planes de reconversión productiva que permitan aprovechar plenamente los beneficios del libre comercio. Debemos cuidar que los temores e intereses económicos específicos no nos lleven a renunciar al reto de acceder a mercados globalizados. Solo aceptando este reto tendremos alguna esperanza de ofrecer empleo digno a los miles de jóvenes peruanos que hoy solo piensan en emigrar.
Diario El Comercio
Hoy se inicia en Lima otra ronda de negociación del tratado de libre comercio (TLC) con Estados Unidos. Diversos grupos que perciben que sus intereses económicos podrían verse afectados por el tratado han anunciado protestas y demostraciones de descontento. Las protestas, si bien legítimas, tienen el potencial de transmitirle a la población una sensación de temor y rechazo de lo que, posiblemente, no conoce bien. Más aun si son acompañadas de cierres de carreteras y marchas que perturban el orden público y atentan contra el derecho a movilizarse y trabajar libremente. Esta semana puede ser clave en la opinión que nos formemos sobre el TLC. Debemos ser cuidadosos. El TLC no será la catástrofe que algunos dicen ni tampoco la varita mágica que nos sacará de todos nuestros problemas. El TLC es, sin lugar a dudas, una oportunidad que no debemos dejar pasar. Profundizar el acceso de los productos y servicios peruanos al mercado más grande del mundo significará que nuestros empresarios podrán tentar suerte en un mercado cuyo ingreso promedio es 18 veces más alto que el peruano. Esta oportunidad ya está siendo aprovechada por empresas peruanas de diversos tamaños y generando empleo en Piura, Chiclayo, Trujillo, Áncash, Ica, entre otras ciudades. Si bien el Perú se ha abierto relativamente tarde al mercado internacional, ya existen suficientes historias de éxito que vale la pena contar. Es un hecho que para algunos sectores la liberación del comercio no es una oportunidad, sino una amenaza. Esto no debe ser razón para darle la espalda al acuerdo. La existencia de sectores amenazados por el TLC debe ser la palanca que lleve, de una vez por todas, a trabajar planes de reconversión productiva que permitan aprovechar plenamente los beneficios del libre comercio. Debemos cuidar que los temores e intereses económicos específicos no nos lleven a renunciar al reto de acceder a mercados globalizados. Solo aceptando este reto tendremos alguna esperanza de ofrecer empleo digno a los miles de jóvenes peruanos que hoy solo piensan en emigrar.
Diario El Comercio