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May 9th, 2005, 12:51 AM
MINITURISMO: CIUDAD DE BUENOS AIRES
Rincones de Balvanera
http://www.clarin.com/suplementos/viajes/2005/05/08/fotos/info8.jpg
Este barrio porteño, poblado de mitos, atesora la historia del Abasto, el Spinetto, Gardel y Discépolo.
Cristian Sirouyan.
csirouyan@clarin.com
Desde sus primeras señales, Balvanera dejó entrever que muy rápido ganaría un espacio distinguido en la geografía porteña, a fuerza de figuras ilustres, moles de arquitectura ecléctica y mitos que incitan a descubrir sus rincones algo descoloridos.
A fines del siglo XIX, en el templo fundacional Nuestra Señora de Balvanera (levantado en honor a la virgen del Valle de Valvanera, patrona de La Rioja, España) fue bautizado Leandro N. Alem. Poco después, en 1901, por la pila bautismal del barrio también pasó el niño Leopoldo Marechal, después celebrado autor de "Adán Buenosayres". En las calles de Balvanera también deambulan los fantasmas de otros personajes famosos que supieron transitarla, impulsados por un inquebrantable sentido de pertenencia: Carlos Gardel, Hipólito Yrigoyen, los hermanos Discépolo, Julio De Caro. Con delicadas estrofas, Borges reflejó el alma de Balvanera —forjada por inmigrantes y criollos absorbidos por interminables rutinas de trabajo, malevos, artistas de toda laya y pendencieros—, en el poema "Milonga de Jacinto Chiclana".
Los edificios delatan la puja que libran en lo alto variadas corrientes arquitectónicas. Donde parece imponerse el estilo italiano, se cuelan trazos art decó que transitaba Gaudí o asoman tejuelas negras y esculturas que remiten a Francia. Parte de esa diversidad decora el Congreso de la Nación, que exhibe un diseño grecorromano, en el que reposan ornamentos, figuras aladas y detalles en mármol y bronce.
La historia de Balvanera se sustenta en períodos de apogeo, eclipses fugaces y resurreciones con estéticas renovadas que marcaron el rumbo de sus emblemas: el Congreso, el antiguo Mercado de la Ciudad (el legendario Spinetto), la estación y plaza Once y el Abasto, hoy shopping lleno de luces y sonidos, antes reducto de esforzados changarines, compadritos y lumpenaje. Un inconfundible aroma a tango sigue impregnado en la cortada Carlos Gardel, el monumento al Mudo, los restos del bar O'Rondeman (donde el Zorzal cantó por primera vez) y los huecos de los últimos conventillos.
A Balvanera le asignaron límites bien distantes. Se estira desde Entre Ríos-Callao al este hasta Boedo-Bulnes y, de norte a sur, se acomoda entre Córdoba e Independencia. Sus piezas más ostensibles crecieron desmesuradamente y parcelaron la geografía en el imaginario popular. Pero Balvanera sigue ahí. Resiste el paso del tiempo y no se achica.
Visitas guiadas gratuitas. 4114-5791/ informacion-turismo@buenosaires.gov.ar / www.balvaneraweb.com.ar.
www.clarin.com VIAJES
Rincones de Balvanera
http://www.clarin.com/suplementos/viajes/2005/05/08/fotos/info8.jpg
Este barrio porteño, poblado de mitos, atesora la historia del Abasto, el Spinetto, Gardel y Discépolo.
Cristian Sirouyan.
csirouyan@clarin.com
Desde sus primeras señales, Balvanera dejó entrever que muy rápido ganaría un espacio distinguido en la geografía porteña, a fuerza de figuras ilustres, moles de arquitectura ecléctica y mitos que incitan a descubrir sus rincones algo descoloridos.
A fines del siglo XIX, en el templo fundacional Nuestra Señora de Balvanera (levantado en honor a la virgen del Valle de Valvanera, patrona de La Rioja, España) fue bautizado Leandro N. Alem. Poco después, en 1901, por la pila bautismal del barrio también pasó el niño Leopoldo Marechal, después celebrado autor de "Adán Buenosayres". En las calles de Balvanera también deambulan los fantasmas de otros personajes famosos que supieron transitarla, impulsados por un inquebrantable sentido de pertenencia: Carlos Gardel, Hipólito Yrigoyen, los hermanos Discépolo, Julio De Caro. Con delicadas estrofas, Borges reflejó el alma de Balvanera —forjada por inmigrantes y criollos absorbidos por interminables rutinas de trabajo, malevos, artistas de toda laya y pendencieros—, en el poema "Milonga de Jacinto Chiclana".
Los edificios delatan la puja que libran en lo alto variadas corrientes arquitectónicas. Donde parece imponerse el estilo italiano, se cuelan trazos art decó que transitaba Gaudí o asoman tejuelas negras y esculturas que remiten a Francia. Parte de esa diversidad decora el Congreso de la Nación, que exhibe un diseño grecorromano, en el que reposan ornamentos, figuras aladas y detalles en mármol y bronce.
La historia de Balvanera se sustenta en períodos de apogeo, eclipses fugaces y resurreciones con estéticas renovadas que marcaron el rumbo de sus emblemas: el Congreso, el antiguo Mercado de la Ciudad (el legendario Spinetto), la estación y plaza Once y el Abasto, hoy shopping lleno de luces y sonidos, antes reducto de esforzados changarines, compadritos y lumpenaje. Un inconfundible aroma a tango sigue impregnado en la cortada Carlos Gardel, el monumento al Mudo, los restos del bar O'Rondeman (donde el Zorzal cantó por primera vez) y los huecos de los últimos conventillos.
A Balvanera le asignaron límites bien distantes. Se estira desde Entre Ríos-Callao al este hasta Boedo-Bulnes y, de norte a sur, se acomoda entre Córdoba e Independencia. Sus piezas más ostensibles crecieron desmesuradamente y parcelaron la geografía en el imaginario popular. Pero Balvanera sigue ahí. Resiste el paso del tiempo y no se achica.
Visitas guiadas gratuitas. 4114-5791/ informacion-turismo@buenosaires.gov.ar / www.balvaneraweb.com.ar.
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