Christianmx
May 26th, 2005, 09:34 PM
Monterrey, la potencia industrial regiomontana, ahora busca ser una “ciudad del conocimiento”. Historia de un plan complejo.
Diego Fonseca
Ciudad de México y Barcelona
Barcelona. Munich. Dublín, sede de la industria de software que levantó el “milagro verde” irlandés. San José, California. La modernísima Melbourne. Y Bangalore, capital de la industria de TI india. ¿Qué tienen ellas en común? Comparten, con otras 53 metrópolis, el nombre de “ciudades del conocimiento”. Conocidas como CIC, esas urbes han dado saltos hacia la sociedad del conocimiento, un sueño encandilador al que medio mundo quiere subirse. Zaragoza busca ese camino en España. En América Latina, la capital costarricense, San José, y los estados mexicanos de Jalisco, Chihuahua, Baja California y Aguascalientes tienen sus planes. Ciudades de Chile, Brasil, Argentina, Uruguay y Ecuador, también.
A esa lista se suma Monterrey, la perla del norte mexicano que desde hace tiempo sueña con modificar su rol de némesis industrialista del poder administrativo de Ciudad de México. El plan de los regiomontanos parece ser el más abarcador de los mencionados, pues busca migrar la base industrial a un paradigma de innovación a través de una alianza entre el gobierno del estado de Nuevo León, las universidades y las empresas. “Queremos pasar de la creación de empleo a creación de empresas y emprendedores; de competir con costos bajos a competir con valor agregado; de entusiasmo, energía y motivación a conocimientos y habilidades; de ‘hecho en México’ a ‘diseñado y creado en México’; de la manufactura a la mentefactura”, dice Jaime Alonso Gómez, decano de la Escuela de Graduados en Administración y Dirección de Empresas (Egade), del Tec de Monterrey.
CAMINO AL FUTURO. El plan comenzó en noviembre de 2003, cuando el gobierno de Nuevo León integró un grupo de trabajo junto al Tec, la Universidad Autónoma del estado y la Universidad de Monterrey. El grupo definió cinco áreas de desarrollo: nanotecnología, biotecnología, mecatrónica (fusión de mecánica, electrónica e informática), tecnologías de la información y comunicaciones, y salud. Tras crear su Consejo de Ciencia y Tecnología, Nuevo León comenzó a cabildear por modificaciones a las leyes federales de ciencia y tecnología, exenciones fiscales y presupuesto. Hoy está haciendo benchmarking del plan maestro con el que Barcelona comenzó a desarrollar su CIC y busca construir una alianza con Dublín.
Mientras, las universidades comenzaron a modificar sus programas de estudio. Las tres preparan un doctorado conjunto en mecatrónica y nuevos materiales, organizan eventos para empresarios, académicos y funcionarios y se aliaron en proyectos de negocios y procesos de investigación en las cinco áreas prioritarias de la CIC. El Tec, por ejemplo, planea formar hacia 2010 sus primeros ingenieros y científicos con maestrías y doctorados, y crear centros de investigación. “La meta es aumentar el PIB y que éste beneficie a toda la comunidad, elevando el nivel de empleos y, por consiguiente, de sueldos”, dice Carlos Cruz, rector de Innovación y Desarrollo del Sistema Tecnológico de Monterrey.
El Tec ha apostado bastante. Está destinando US$ 2,5 millones para investigar y desarrollar modelos de negocios a fin de iniciar 15 nuevos negocios de base tecnológica. Además, puso su programa de entrepreneurship Emprendetec y su Centro de Innovación y Transferencia de Tecnología al servicio de la CIC. En paralelo, investiga las estrategias de política pública y corporativa para desarrollar iniciativas que provean productos y servicios a consumidores con ingresos inferiores a US$ 1.500 por año. Por último, busca anticipar el arribo de empresas investigando las mejores prácticas y estrate- gias de fusiones y adquisiciones en América Latina para que esos emprendimientos maxi-micen su probabilidad de éxito.
La CIC es un proyecto ambicioso vestido de destino trascendental. “No es una cuestión política y trascenderá los gobiernos”, dice Elisa Cobas, responsable del proyecto Desarrollo de Negocios Base Tecnológica del Tec, en Monterrey. “Cada región debe encontrar sus competencias centrales y en Monterrey nos debemos mover hacia un modelo de mayor valor, diferenciándonos y fortaleciendo nuestras áreas [estratégicas]: no competimos contra otro estado, sino contra un mundo globalizado”.
SINCRONIZADOS. Esa idea está en el fondo de la CIC y lo supera. Monterrey sabe que México ha perdido con China la disputa por la producción de bajo costo. Por eso, la CIC debe subir el escalón productivo y para ello tiene que pensarse en términos abiertos. Eso significa, por un lado, que Monterrey genere alianzas estratégicas con los corredores empresariales que llevan a Dallas, Toronto, Los Ángeles e inclusive Madrid y Praga. Por otro, que Nuevo León supere los límites internos y las fronteras internacionales de México.
Éste es el segundo elemento detrás de la CIC: la sincronización con otras áreas productivas. Para eso, el gobierno de Nuevo León creó el Programa Integración y Desarrollo Regional Noreste y Vinculación Con Texas (Invite). Ese proyecto, ya en marcha, se basa en un convenio de integración entre Nuevo León y los estados de Coahuila, Tamaulipas y Chihuahua y el estadounidense Texas. Los cinco buscarán desarrollar sus economías, sociedades, culturas, educación, turismo, seguridad y cruces fronterizos. En el fondo, Invite implica avanzar de la sincronización económica –los cinco estados tienen un PIB de US$ 950.000 millones, un 50% mayor que el de México– a la complementación de políticas públicas comunes asociadas ya no al crecimiento sino al desarrollo. Es la segunda etapa del Nafta, que en principio fue insuficiente para fortalecer la competitividad general de México y sus estados norteños.
El plan buscará compartir investigaciones, generar transferencia de tecnología e impulsar la ciencia aplicada a la economía. A un año de su lanzamiento, Invite ya motivó un convenio entre algunas universidades del noreste mexicano con el IC Square (IC2), el Instituto de Innovación, Competitividad y Capital, y la Universidad de Texas, en Austin. La sociedad seleccionó 12 de 38 proyectos de negocios nacidos en Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila sobre la base de nuevas tecnologías para transformarlos en empresas para las que ahora se buscan inversionistas ángeles.
Monterrey es el articulador de todo ese proceso que debe llevarla a ser una CIC reconocible. Pero la idea aún necesita bastante ajuste. Uno de los proyectos que Natividad González Parás, el gobernador de Nuevo León, quiere usar como emblema es el Forum de las Culturas Monterrey 2007. Quizá no sea la mejor idea de mercadeo. Realizado en Barcelona en 2004, el Forum fue un fracaso pantagruélico, una pretendida feria de conocimiento y debates aguada con banales espectáculos, pocos conferencistas de peso y escasa relevancia para el propio proyecto CIC de Cataluña.
Difícilmente Monterrey quiera reproducir eso, pero, mientras, tampoco tiene mucho que mostrar. Lo primero es fijar fecha oficial de lanzamiento del proyecto. Y antes que eso, el grupo de trabajo de la CIC debe concluir el plan maestro y los programas para instalar los parques del conocimiento financiados por universidades, empresas regiomontanas y Conacyt. El gobierno también tiene que establecer los incentivos fiscales que ofrecerá a las empresas de I&D y construir el primer parque, del que aún no posee ni el terreno. Incluso resta fortalecer los centros de investigación locales y la infraestructura urbana. Y convencer a la sociedad civil, que no sabe qué es una CIC, pues todas están en países desarrollados o con saltos enormes de crecimiento, como India.
Con eso resuelto, podría tomar un par de décadas para que las empresas descubran que Monterrey tiene ingenieros de clase mundial antes que maquiladores tecnológicos. No es tanto. A las principales CIC del mundo les tomó 15 años, según Reynold González, director de Vinculación con Instituciones Externas del proyecto Ciudad Internacional del Conocimiento, del gobierno de Nuevo León. Pero el correr de esos años probará si, como dice Antonio Zárate, director general de la CIC, el sueño regio “no es una moda, sino una estrategia de supervivencia”.
Con Carolina Solis
AEIntelligence (http://www.americaeconomia.com/PLT_WRITE-PAGE.asp?SessionId=&Language=0&Modality=0&Section=1&Content=21287&NamePage=PLT_IntellCiudadesArti.asp&DateView=&Style=15624)
Diego Fonseca
Ciudad de México y Barcelona
Barcelona. Munich. Dublín, sede de la industria de software que levantó el “milagro verde” irlandés. San José, California. La modernísima Melbourne. Y Bangalore, capital de la industria de TI india. ¿Qué tienen ellas en común? Comparten, con otras 53 metrópolis, el nombre de “ciudades del conocimiento”. Conocidas como CIC, esas urbes han dado saltos hacia la sociedad del conocimiento, un sueño encandilador al que medio mundo quiere subirse. Zaragoza busca ese camino en España. En América Latina, la capital costarricense, San José, y los estados mexicanos de Jalisco, Chihuahua, Baja California y Aguascalientes tienen sus planes. Ciudades de Chile, Brasil, Argentina, Uruguay y Ecuador, también.
A esa lista se suma Monterrey, la perla del norte mexicano que desde hace tiempo sueña con modificar su rol de némesis industrialista del poder administrativo de Ciudad de México. El plan de los regiomontanos parece ser el más abarcador de los mencionados, pues busca migrar la base industrial a un paradigma de innovación a través de una alianza entre el gobierno del estado de Nuevo León, las universidades y las empresas. “Queremos pasar de la creación de empleo a creación de empresas y emprendedores; de competir con costos bajos a competir con valor agregado; de entusiasmo, energía y motivación a conocimientos y habilidades; de ‘hecho en México’ a ‘diseñado y creado en México’; de la manufactura a la mentefactura”, dice Jaime Alonso Gómez, decano de la Escuela de Graduados en Administración y Dirección de Empresas (Egade), del Tec de Monterrey.
CAMINO AL FUTURO. El plan comenzó en noviembre de 2003, cuando el gobierno de Nuevo León integró un grupo de trabajo junto al Tec, la Universidad Autónoma del estado y la Universidad de Monterrey. El grupo definió cinco áreas de desarrollo: nanotecnología, biotecnología, mecatrónica (fusión de mecánica, electrónica e informática), tecnologías de la información y comunicaciones, y salud. Tras crear su Consejo de Ciencia y Tecnología, Nuevo León comenzó a cabildear por modificaciones a las leyes federales de ciencia y tecnología, exenciones fiscales y presupuesto. Hoy está haciendo benchmarking del plan maestro con el que Barcelona comenzó a desarrollar su CIC y busca construir una alianza con Dublín.
Mientras, las universidades comenzaron a modificar sus programas de estudio. Las tres preparan un doctorado conjunto en mecatrónica y nuevos materiales, organizan eventos para empresarios, académicos y funcionarios y se aliaron en proyectos de negocios y procesos de investigación en las cinco áreas prioritarias de la CIC. El Tec, por ejemplo, planea formar hacia 2010 sus primeros ingenieros y científicos con maestrías y doctorados, y crear centros de investigación. “La meta es aumentar el PIB y que éste beneficie a toda la comunidad, elevando el nivel de empleos y, por consiguiente, de sueldos”, dice Carlos Cruz, rector de Innovación y Desarrollo del Sistema Tecnológico de Monterrey.
El Tec ha apostado bastante. Está destinando US$ 2,5 millones para investigar y desarrollar modelos de negocios a fin de iniciar 15 nuevos negocios de base tecnológica. Además, puso su programa de entrepreneurship Emprendetec y su Centro de Innovación y Transferencia de Tecnología al servicio de la CIC. En paralelo, investiga las estrategias de política pública y corporativa para desarrollar iniciativas que provean productos y servicios a consumidores con ingresos inferiores a US$ 1.500 por año. Por último, busca anticipar el arribo de empresas investigando las mejores prácticas y estrate- gias de fusiones y adquisiciones en América Latina para que esos emprendimientos maxi-micen su probabilidad de éxito.
La CIC es un proyecto ambicioso vestido de destino trascendental. “No es una cuestión política y trascenderá los gobiernos”, dice Elisa Cobas, responsable del proyecto Desarrollo de Negocios Base Tecnológica del Tec, en Monterrey. “Cada región debe encontrar sus competencias centrales y en Monterrey nos debemos mover hacia un modelo de mayor valor, diferenciándonos y fortaleciendo nuestras áreas [estratégicas]: no competimos contra otro estado, sino contra un mundo globalizado”.
SINCRONIZADOS. Esa idea está en el fondo de la CIC y lo supera. Monterrey sabe que México ha perdido con China la disputa por la producción de bajo costo. Por eso, la CIC debe subir el escalón productivo y para ello tiene que pensarse en términos abiertos. Eso significa, por un lado, que Monterrey genere alianzas estratégicas con los corredores empresariales que llevan a Dallas, Toronto, Los Ángeles e inclusive Madrid y Praga. Por otro, que Nuevo León supere los límites internos y las fronteras internacionales de México.
Éste es el segundo elemento detrás de la CIC: la sincronización con otras áreas productivas. Para eso, el gobierno de Nuevo León creó el Programa Integración y Desarrollo Regional Noreste y Vinculación Con Texas (Invite). Ese proyecto, ya en marcha, se basa en un convenio de integración entre Nuevo León y los estados de Coahuila, Tamaulipas y Chihuahua y el estadounidense Texas. Los cinco buscarán desarrollar sus economías, sociedades, culturas, educación, turismo, seguridad y cruces fronterizos. En el fondo, Invite implica avanzar de la sincronización económica –los cinco estados tienen un PIB de US$ 950.000 millones, un 50% mayor que el de México– a la complementación de políticas públicas comunes asociadas ya no al crecimiento sino al desarrollo. Es la segunda etapa del Nafta, que en principio fue insuficiente para fortalecer la competitividad general de México y sus estados norteños.
El plan buscará compartir investigaciones, generar transferencia de tecnología e impulsar la ciencia aplicada a la economía. A un año de su lanzamiento, Invite ya motivó un convenio entre algunas universidades del noreste mexicano con el IC Square (IC2), el Instituto de Innovación, Competitividad y Capital, y la Universidad de Texas, en Austin. La sociedad seleccionó 12 de 38 proyectos de negocios nacidos en Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila sobre la base de nuevas tecnologías para transformarlos en empresas para las que ahora se buscan inversionistas ángeles.
Monterrey es el articulador de todo ese proceso que debe llevarla a ser una CIC reconocible. Pero la idea aún necesita bastante ajuste. Uno de los proyectos que Natividad González Parás, el gobernador de Nuevo León, quiere usar como emblema es el Forum de las Culturas Monterrey 2007. Quizá no sea la mejor idea de mercadeo. Realizado en Barcelona en 2004, el Forum fue un fracaso pantagruélico, una pretendida feria de conocimiento y debates aguada con banales espectáculos, pocos conferencistas de peso y escasa relevancia para el propio proyecto CIC de Cataluña.
Difícilmente Monterrey quiera reproducir eso, pero, mientras, tampoco tiene mucho que mostrar. Lo primero es fijar fecha oficial de lanzamiento del proyecto. Y antes que eso, el grupo de trabajo de la CIC debe concluir el plan maestro y los programas para instalar los parques del conocimiento financiados por universidades, empresas regiomontanas y Conacyt. El gobierno también tiene que establecer los incentivos fiscales que ofrecerá a las empresas de I&D y construir el primer parque, del que aún no posee ni el terreno. Incluso resta fortalecer los centros de investigación locales y la infraestructura urbana. Y convencer a la sociedad civil, que no sabe qué es una CIC, pues todas están en países desarrollados o con saltos enormes de crecimiento, como India.
Con eso resuelto, podría tomar un par de décadas para que las empresas descubran que Monterrey tiene ingenieros de clase mundial antes que maquiladores tecnológicos. No es tanto. A las principales CIC del mundo les tomó 15 años, según Reynold González, director de Vinculación con Instituciones Externas del proyecto Ciudad Internacional del Conocimiento, del gobierno de Nuevo León. Pero el correr de esos años probará si, como dice Antonio Zárate, director general de la CIC, el sueño regio “no es una moda, sino una estrategia de supervivencia”.
Con Carolina Solis
AEIntelligence (http://www.americaeconomia.com/PLT_WRITE-PAGE.asp?SessionId=&Language=0&Modality=0&Section=1&Content=21287&NamePage=PLT_IntellCiudadesArti.asp&DateView=&Style=15624)