Richis
June 22nd, 2005, 03:53 PM
el mercurio / 13 de junio
Cambio a plano regulador de ese sector de Vitacura permitirá la construcción de edificios de hasta 10 pisos.
Hace más de 30 años un grupo de vecinos decidió establecerse en un sector privilegiado de la entonces comuna de Las Condes, en Monseñor Escrivá de Balaguer, entre la actual rotonda Carol Urzúa y el Club de Polo y las calles interiores.
Han vivido felizmente, han gozado de la tranquilidad y seguridad del sector, pero esto se termina. Este barrio cambiará completamente, borrándose del paisaje las casas con antejardín y patio para la irrupción de edificios de 10 y hasta 12 pisos en la primera y segunda fila de las largas cuadras de Escrivá de Balaguer.
Desde hace siete años, por lo menos, la idea viene germinando entre los vecinos, el municipio y las inmobiliarias, hasta que se asentó la idea del cambio del uso del suelo, proyecto que está muy pronto a ser sometido a la aprobación del Concejo de Vitacura y a la comunidad del sector.
Está prácticamente definida una normativa que permitirá la construcción en altura entre Monseñor Escrivá de Balaguer y vereda norte de las calles Dr. Alfredo Almeyda y Las Encinas, entre la rotonda Carol Urzúa y el Club de Polo.
El municipio encargó al arquitecto Jorge Figueroa para que consensuara un proyecto -cuya declaración de impacto ambiental ya estuvo sometida a la Corema- y buscara el mayor acuerdo entre los vecinos.
Las dos filas
Propietarios de la primera fila de Escrivá de Balaguer (la fachada de sus casas enfrenta el norte) creen que la calidad de vida del sector se ha deteriorado con la irrupción, en la ribera sur del Mapocho, de restaurantes, centros deportivos y otros, y con el incremento del flujo vehicular, lo que se traduce en mayor ruido e inseguridad. Sus viviendas unifamiliares ya no constituyen el sitio ideal para habitar. El abogado Jorge Garay encabeza este grupo que ha participado en distintas instancias de discusión en la Municipalidad de Vitacura.
Ante el peligro de una mayor depreciación de sus propiedades quieren vender. Ya conocen el interés y algunas ofertas de empresas inmobiliarias y sólo esperan el cambio del plano regulador en el sector.
Independientemente de ellos, urbanistas piensan que ese sector necesariamente tiene que derivar hacia una mayor densificación, exigencia del progreso de la comuna y de la ciudad y que más tarde que temprano va a ocurrir.
Pero detrás de cada una de las viviendas orientadas al norte existe un mundo compuesto por 80 propietarios que, al enterarse de las alternativas que se barajaban, se organizaron para evitar ser perjudicados y participar en la solución. Contrataron los servicios de Pablo Gil y Asociados, vecino cuya propiedad está ubicada en la vereda norte de Dr. Alfredo Almeyda, e hicieron sentir su voz.
"Tuve muchos encontrones con el municipio, pero creo que hemos llegado a una solución armónica y consensuada que se da por primera vez en Vitacura y tal vez en el país", señala Gil.
Se permite la edificación, siempre y cuando se vendan fajas de terrenos de primera y segunda fila unidos. O sea, bajo ninguna circunstancia una casa quedará delante o detrás de un edificio.
El proyecto que elaboró Gil y Asociados establece la construcción de hasta 10 metros de altura (3 ó 4 pisos) y en conjuntos armónicos (2.500 metros cuadrados o más) hasta 7 y 8 pisos.
Los otros vecinos
Existe un tercer grupo, los vecinos que viven desde la vereda sur de Dr. Alfredo Almeyda y Las Encinas hacia el interior, que, al parecer, está dispuesto a defender su estándar de vida.
Entienden el "negocio" -según propias declaraciones-, pero no están dispuestos a que fructifique sin la participación de ellos.
Tienen claro que con los cientos de vehículos y de personas que llegarán al barrio todo empeorará.
Alegan que la Costanera Sur, consolidada definitivamente con la extensión desde la rotonda Carol Urzúa hasta Padre Hurtado, está proyectada desde 1954 y que nadie puede señalar que no estaba advertido. No quieren imaginarse un cordón de edificios delante de sus casas. Contaminación visual directa, aumento del ruido, más vehículos circulando, inseguridad y desvalorización de sus propiedades son factores que los han unido en torno a un comité que pretende defender la calidad del barrio. El ingeniero civil Gonzalo Benavente está al frente de estos vecinos que reclaman al municipio y al alcalde Raúl Torrealba que los tomen en cuenta para las decisiones futuras.
"No me vine a vivir aquí por ganar una plusvalía y lo mismo piensan los vecinos que integran el comité. Aquí claramente ha existido un acuerdo entre el municipio y los propietarios de Escrivá de Balaguer, pero no nos han tomado en cuenta", señala Benavente.
Van a exigir al municipio y a las autoridades que, en caso de seguir adelante el proyecto, sea ingresado al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental como un estudio y no como una mera declaración.
Los ruidos generados por ellos en la última semana surtieron efecto: el miércoles se reunirán con el alcalde Raúl Torrealba.
Cambio a plano regulador de ese sector de Vitacura permitirá la construcción de edificios de hasta 10 pisos.
Hace más de 30 años un grupo de vecinos decidió establecerse en un sector privilegiado de la entonces comuna de Las Condes, en Monseñor Escrivá de Balaguer, entre la actual rotonda Carol Urzúa y el Club de Polo y las calles interiores.
Han vivido felizmente, han gozado de la tranquilidad y seguridad del sector, pero esto se termina. Este barrio cambiará completamente, borrándose del paisaje las casas con antejardín y patio para la irrupción de edificios de 10 y hasta 12 pisos en la primera y segunda fila de las largas cuadras de Escrivá de Balaguer.
Desde hace siete años, por lo menos, la idea viene germinando entre los vecinos, el municipio y las inmobiliarias, hasta que se asentó la idea del cambio del uso del suelo, proyecto que está muy pronto a ser sometido a la aprobación del Concejo de Vitacura y a la comunidad del sector.
Está prácticamente definida una normativa que permitirá la construcción en altura entre Monseñor Escrivá de Balaguer y vereda norte de las calles Dr. Alfredo Almeyda y Las Encinas, entre la rotonda Carol Urzúa y el Club de Polo.
El municipio encargó al arquitecto Jorge Figueroa para que consensuara un proyecto -cuya declaración de impacto ambiental ya estuvo sometida a la Corema- y buscara el mayor acuerdo entre los vecinos.
Las dos filas
Propietarios de la primera fila de Escrivá de Balaguer (la fachada de sus casas enfrenta el norte) creen que la calidad de vida del sector se ha deteriorado con la irrupción, en la ribera sur del Mapocho, de restaurantes, centros deportivos y otros, y con el incremento del flujo vehicular, lo que se traduce en mayor ruido e inseguridad. Sus viviendas unifamiliares ya no constituyen el sitio ideal para habitar. El abogado Jorge Garay encabeza este grupo que ha participado en distintas instancias de discusión en la Municipalidad de Vitacura.
Ante el peligro de una mayor depreciación de sus propiedades quieren vender. Ya conocen el interés y algunas ofertas de empresas inmobiliarias y sólo esperan el cambio del plano regulador en el sector.
Independientemente de ellos, urbanistas piensan que ese sector necesariamente tiene que derivar hacia una mayor densificación, exigencia del progreso de la comuna y de la ciudad y que más tarde que temprano va a ocurrir.
Pero detrás de cada una de las viviendas orientadas al norte existe un mundo compuesto por 80 propietarios que, al enterarse de las alternativas que se barajaban, se organizaron para evitar ser perjudicados y participar en la solución. Contrataron los servicios de Pablo Gil y Asociados, vecino cuya propiedad está ubicada en la vereda norte de Dr. Alfredo Almeyda, e hicieron sentir su voz.
"Tuve muchos encontrones con el municipio, pero creo que hemos llegado a una solución armónica y consensuada que se da por primera vez en Vitacura y tal vez en el país", señala Gil.
Se permite la edificación, siempre y cuando se vendan fajas de terrenos de primera y segunda fila unidos. O sea, bajo ninguna circunstancia una casa quedará delante o detrás de un edificio.
El proyecto que elaboró Gil y Asociados establece la construcción de hasta 10 metros de altura (3 ó 4 pisos) y en conjuntos armónicos (2.500 metros cuadrados o más) hasta 7 y 8 pisos.
Los otros vecinos
Existe un tercer grupo, los vecinos que viven desde la vereda sur de Dr. Alfredo Almeyda y Las Encinas hacia el interior, que, al parecer, está dispuesto a defender su estándar de vida.
Entienden el "negocio" -según propias declaraciones-, pero no están dispuestos a que fructifique sin la participación de ellos.
Tienen claro que con los cientos de vehículos y de personas que llegarán al barrio todo empeorará.
Alegan que la Costanera Sur, consolidada definitivamente con la extensión desde la rotonda Carol Urzúa hasta Padre Hurtado, está proyectada desde 1954 y que nadie puede señalar que no estaba advertido. No quieren imaginarse un cordón de edificios delante de sus casas. Contaminación visual directa, aumento del ruido, más vehículos circulando, inseguridad y desvalorización de sus propiedades son factores que los han unido en torno a un comité que pretende defender la calidad del barrio. El ingeniero civil Gonzalo Benavente está al frente de estos vecinos que reclaman al municipio y al alcalde Raúl Torrealba que los tomen en cuenta para las decisiones futuras.
"No me vine a vivir aquí por ganar una plusvalía y lo mismo piensan los vecinos que integran el comité. Aquí claramente ha existido un acuerdo entre el municipio y los propietarios de Escrivá de Balaguer, pero no nos han tomado en cuenta", señala Benavente.
Van a exigir al municipio y a las autoridades que, en caso de seguir adelante el proyecto, sea ingresado al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental como un estudio y no como una mera declaración.
Los ruidos generados por ellos en la última semana surtieron efecto: el miércoles se reunirán con el alcalde Raúl Torrealba.