padawan72
October 28th, 2006, 07:51 PM
Imaginan una ciudad mejor
Urbanistas se aventuran en la búsqueda de soluciones creativas para los problemas de la ciudad, que en el porvenir le garanticen a sus habitantes una vida de calidad
Por: Miryam Audiffred
22/10/2006
Crear ciudades dentro de la Ciudad de México, ésa es la alternativa que el urbanista Fernando Islas propone para empezar a resolver los problemas que existen en la zona metropolitana, un área urbana que –de acuerdo con las estimaciones- en 20 años contará con poco más de 30 millones de habitantes.
Se trata de conformar núcleos urbanos que en las distintas zonas del Valle de México ofrezcan empleo, vivienda, infraestructura y servicios de educación, salud, entretenimiento y que, por tanto, acaben con la migración que a diario se da hacia el Centro Histórico de la capital, donde se concentran las actividades económicas y burocráticas, así como la oferta laboral.
La idea de este egresado de la UNAM es conformar núcleos que funcionen como centros alternos o “sub metróplis” para quienes viven en la periferia de la ciudad y que, ubicados en Azcapotzalco, Santa Fe, Iztapalapa, Iztacalco, Gustavo A Madero, Ecatepec, Tultitlán, Atizapán y Huizquilucan, sean interconectados por un sistema de transporte público eficiente.
“Si pensamos que cada uno de estos centros puede tener un área de cobertura de ocho kilómetros se estarían cubriendo las necesidades de prácticamente toda el área metropolitana”, explica.
En términos del especialista, además de quitarle presión al Centro Histórico capitalino, la conformación de esta cadena de núcleos o centros urbanos permitiría acabar con los rezagos que, por ejemplo, existen en materia laboral en la zona oriente, donde es urgente crear un millón de empleos.
Así, “polinuclear”, es el porvenir que imagina el director de TAO. Arquitectura y Urbanismo para la zona metropolitana de la Ciudad de México. Pero no es el único que se ha lanzado a la aventura de pensar en el futuro que se desea para esta gran urbe. También lo han hecho sus colegas Jorge Legorreta y Manuel Perló, quienes en el marco de Expo CIHAC –que organiza el Centro Impulsor de la Construcción y la Habitación AC– hablaron sobre el futuro del desarrollo urbano en las áreas metropolitanas.
Atender las áreas de exclusión de la zona metropolitana –ésas que están habitadas por la miseria y la inseguridad- y proteger las áreas verdes son algunas de la coincidencias de estos expertos que prefieren imaginarse una ciudad de México con verdosos pulmones a una metrópoli que semeje una enorme plancha de concreto.
Para Manuel Perló, director del Programa de Estudios Universitarios sobre la Ciudad de México de la UNAM, aún es tiempo de dirigir el rumbo de la ciudad y modificar sus problemas. Sólo se requiere conformar un proyecto que contemple un modelo económico propio, profesionalice a los funcionarios públicos y formule estrategias de promoción de la ciudad en otras regiones del país y del mundo.
La ciudad llegará a Toluca en 30 años
La Ciudad de México crece cada día el equivalente a 13 campos de futbol. La expansión es tan acelerada que en poco más de tres décadas se habrá conurbado con Toluca, Pachuca, Cuernavaca –por la vía de Chalco, Amecameca y Cuautla– y Puebla, a través de San Martín Texmelucan. Incluso es muy probable que para entonces la zona metropolitana se encuentre unida a Tlaxcala y Puebla.
Ante este panorama, el futuro que el urbanista Jorge Legorreta vislumbra para la Ciudad de México es el de una “megalópolis”. La más grande en la historia de la urbanización mundial debido a sus cuatro mil 500 kilómetros cuadrados de superficie y sus más de 45 millones de habitantes.
Estas son las proyecciones que el director de Metrópolis. Centro de Investigación sobre la Ciudad de México, ha vislumbrado desde su despacho. Un sitio en el que también ha planteado algunas alternativas para lograr un desarrollo urbano equilibrado.
De hecho ese es el principal reto planteado por quien fuera delegado de Cuauhtémoc y quien hoy propone que las ciudades dejen de ser pensadas para las actividades exclusivamente urbanas. “Hay que conservar en los alrededores su agricultura, sus pastizales y sus bosques ya que de esos territorios provienen los alimentos, el oxígeno y el agua que nutren la vida de la gente”, asegura.
Además de defender la creación de parques, el también catedrático de la UAM–Azcapotzalco asegura que el futuro de la Ciudad de México depende en buena medida de la creación de estrategias y políticas hidráulicas que hagan posible el aprovechamiento del agua de lluvia. “Debemos interrumpir hasta donde sea posible su canalización a los drenajes. Hay que inventar sistemas domésticos en los edificios y viviendas ya construidas o en vías de construcción”.
Los estudios realizados por el organismo que encabeza, señalan que la mayor parte del agua de los nueve mil 600 kilómetros de la cuenca del valle de México –incluyendo la de los 48 ríos que atraviesan la ciudad– se canaliza directamente a los drenajes, cuya saturación será la principal causa de una futura inundación general.
Disminuir la extracción de agua del subsuelo para aminorar el impacto de los hundimientos y construir presas de almacenamiento de agua en las áreas cercanas a once de los ríos que hay en la ciudad, son otras de sus propuestas. De hecho, sugiere edificar dichas presas en las inmediaciones de los ríos Magdalena, Tacubaya, San Javier, La Colmena, San Pedro, San Rafael y Amecameca, entre otros.
Siendo que el problema del transporte crecerá con la ciudad, el urbanista propone priorizar lo público, sobre lo individual. “En el área metropolitana existen 4.5 millones de automotores y aumentan al día en alrededor de mil 100.
Esto explica, aunque no justifica, que en los últimos años las políticas de transporte hayan priorizado las condiciones para impulsar el crecimiento del transporte individual y que, por ende, se hayan construido grandes obras viales”.
Para combatir esta tendencia –dice– puede conformarse un amplio sistema eléctrico de transporte público que integre tranvías y utilice los 340 kilómetros de vías que están bajo el asfalto. También puede aumentarse el número de trolebúses en circulación y reinstalar el servicio nocturno del Metro.
Urbanistas se aventuran en la búsqueda de soluciones creativas para los problemas de la ciudad, que en el porvenir le garanticen a sus habitantes una vida de calidad
Por: Miryam Audiffred
22/10/2006
Crear ciudades dentro de la Ciudad de México, ésa es la alternativa que el urbanista Fernando Islas propone para empezar a resolver los problemas que existen en la zona metropolitana, un área urbana que –de acuerdo con las estimaciones- en 20 años contará con poco más de 30 millones de habitantes.
Se trata de conformar núcleos urbanos que en las distintas zonas del Valle de México ofrezcan empleo, vivienda, infraestructura y servicios de educación, salud, entretenimiento y que, por tanto, acaben con la migración que a diario se da hacia el Centro Histórico de la capital, donde se concentran las actividades económicas y burocráticas, así como la oferta laboral.
La idea de este egresado de la UNAM es conformar núcleos que funcionen como centros alternos o “sub metróplis” para quienes viven en la periferia de la ciudad y que, ubicados en Azcapotzalco, Santa Fe, Iztapalapa, Iztacalco, Gustavo A Madero, Ecatepec, Tultitlán, Atizapán y Huizquilucan, sean interconectados por un sistema de transporte público eficiente.
“Si pensamos que cada uno de estos centros puede tener un área de cobertura de ocho kilómetros se estarían cubriendo las necesidades de prácticamente toda el área metropolitana”, explica.
En términos del especialista, además de quitarle presión al Centro Histórico capitalino, la conformación de esta cadena de núcleos o centros urbanos permitiría acabar con los rezagos que, por ejemplo, existen en materia laboral en la zona oriente, donde es urgente crear un millón de empleos.
Así, “polinuclear”, es el porvenir que imagina el director de TAO. Arquitectura y Urbanismo para la zona metropolitana de la Ciudad de México. Pero no es el único que se ha lanzado a la aventura de pensar en el futuro que se desea para esta gran urbe. También lo han hecho sus colegas Jorge Legorreta y Manuel Perló, quienes en el marco de Expo CIHAC –que organiza el Centro Impulsor de la Construcción y la Habitación AC– hablaron sobre el futuro del desarrollo urbano en las áreas metropolitanas.
Atender las áreas de exclusión de la zona metropolitana –ésas que están habitadas por la miseria y la inseguridad- y proteger las áreas verdes son algunas de la coincidencias de estos expertos que prefieren imaginarse una ciudad de México con verdosos pulmones a una metrópoli que semeje una enorme plancha de concreto.
Para Manuel Perló, director del Programa de Estudios Universitarios sobre la Ciudad de México de la UNAM, aún es tiempo de dirigir el rumbo de la ciudad y modificar sus problemas. Sólo se requiere conformar un proyecto que contemple un modelo económico propio, profesionalice a los funcionarios públicos y formule estrategias de promoción de la ciudad en otras regiones del país y del mundo.
La ciudad llegará a Toluca en 30 años
La Ciudad de México crece cada día el equivalente a 13 campos de futbol. La expansión es tan acelerada que en poco más de tres décadas se habrá conurbado con Toluca, Pachuca, Cuernavaca –por la vía de Chalco, Amecameca y Cuautla– y Puebla, a través de San Martín Texmelucan. Incluso es muy probable que para entonces la zona metropolitana se encuentre unida a Tlaxcala y Puebla.
Ante este panorama, el futuro que el urbanista Jorge Legorreta vislumbra para la Ciudad de México es el de una “megalópolis”. La más grande en la historia de la urbanización mundial debido a sus cuatro mil 500 kilómetros cuadrados de superficie y sus más de 45 millones de habitantes.
Estas son las proyecciones que el director de Metrópolis. Centro de Investigación sobre la Ciudad de México, ha vislumbrado desde su despacho. Un sitio en el que también ha planteado algunas alternativas para lograr un desarrollo urbano equilibrado.
De hecho ese es el principal reto planteado por quien fuera delegado de Cuauhtémoc y quien hoy propone que las ciudades dejen de ser pensadas para las actividades exclusivamente urbanas. “Hay que conservar en los alrededores su agricultura, sus pastizales y sus bosques ya que de esos territorios provienen los alimentos, el oxígeno y el agua que nutren la vida de la gente”, asegura.
Además de defender la creación de parques, el también catedrático de la UAM–Azcapotzalco asegura que el futuro de la Ciudad de México depende en buena medida de la creación de estrategias y políticas hidráulicas que hagan posible el aprovechamiento del agua de lluvia. “Debemos interrumpir hasta donde sea posible su canalización a los drenajes. Hay que inventar sistemas domésticos en los edificios y viviendas ya construidas o en vías de construcción”.
Los estudios realizados por el organismo que encabeza, señalan que la mayor parte del agua de los nueve mil 600 kilómetros de la cuenca del valle de México –incluyendo la de los 48 ríos que atraviesan la ciudad– se canaliza directamente a los drenajes, cuya saturación será la principal causa de una futura inundación general.
Disminuir la extracción de agua del subsuelo para aminorar el impacto de los hundimientos y construir presas de almacenamiento de agua en las áreas cercanas a once de los ríos que hay en la ciudad, son otras de sus propuestas. De hecho, sugiere edificar dichas presas en las inmediaciones de los ríos Magdalena, Tacubaya, San Javier, La Colmena, San Pedro, San Rafael y Amecameca, entre otros.
Siendo que el problema del transporte crecerá con la ciudad, el urbanista propone priorizar lo público, sobre lo individual. “En el área metropolitana existen 4.5 millones de automotores y aumentan al día en alrededor de mil 100.
Esto explica, aunque no justifica, que en los últimos años las políticas de transporte hayan priorizado las condiciones para impulsar el crecimiento del transporte individual y que, por ende, se hayan construido grandes obras viales”.
Para combatir esta tendencia –dice– puede conformarse un amplio sistema eléctrico de transporte público que integre tranvías y utilice los 340 kilómetros de vías que están bajo el asfalto. También puede aumentarse el número de trolebúses en circulación y reinstalar el servicio nocturno del Metro.