Guachinche
June 26th, 2007, 03:19 PM
Abro éste hilo con el fin de "denunciar" o poner en evidencia presuntos chanchullos; presuntos pelotazos; presuntas mamandurrias y presuntas corruptelas que se dan (desgraciadamente) en cada una de las islas del archipiélago, sobre todo, para que no caigan en el olvido.
Lo abro con Tindaya, un estropicio al que últimamente no se le da tanto bombo y platillo como cuando comenzaron hará uno o dos años, las catas que seguramente se cargaron algún que otro grabado podomorfo de los Majos.
Reseña de "Tindaya: El Poder contra el Mito" (http://metienenfrito.blogspot.com/2007/06/resea-de-tindaya-el-poder-contra-el.html)
En el actual panorama editorial completamente saturado de basura sin el más mínimo punto de interés hay que tener estómago para crear un editorial libre, autogestionada y que tenga como principios la difusión del conocimiento para que la concienciación cree un nuevo horizonte social. Este es el caso de Libreando Ediciones, integrada en el colectivo de Coordinación Estatal de Luchas Contra el Poder, la Pobreza y la Exclusión Social Baladre, que junto con Zambra ha iniciado a finales de junio de 2007 su andadura con la publicación del ensayo de Jesús Giráldez Macía Tindaya: el poder contra el mito. Este texto fue editado inicialmente en el año 2005 bajo las leyes del copyright en un libro que resulta imprescindible para entender el paradigma del engaño y las falacias arqueológicas de las estructuras ideológicas de poder en las islas por Artemisa Ediciones titulado I-dentidad Canaria (Los Antiguos). Ahora el texto es recogido bajo una Licencia Creative Commons tipo Reconocimiento - No Comercial - Sin Obra Derivada 3.0 al que se le ha añadido un epílogo del mismo autor que actualiza el texto hasta nuestros días, una presentación de José Manuel Hernández y un prólogo de Víctor Martín.
En un lugar como Canarias que cuenta con el título de región ultraperifércia creado a la medida de la burguesía especuladora canaria para enriquecerse a base de destruir nuestro territorio el caso de la Montaña de Tindaya en Fuerteventura cuenta por ser uno de los mayores despropósitos, y hay muchos, del Archipiélago Canario. No es casualidad que la sede del poder financiero chicharrero de CajaCanarias, que ha financiado por vía crediticia otro gran pelotazo en la playa de Las Teresitas, esté recubierta de piedra extraída de esta montaña probablemente de una manera no muy regular.
Las palabras de Jesús Giráldez en este ensayo son un instrumento esclarecedor para comprender las diferentes instrumentalizaciones de la montaña mítica por parte del poder que ansía el tesoro de piedra ubicado en su interior. En la página 45 podemos leer un extracto del informe minero de la composición de la montaña realizado en 1995 por la Consejería de Economía y Hacienda del Gobierno Canario y que cosifica el Monumento Natural de Tindaya para hacerlo comprensible al lenguaje del capital. Dice así: “Se trata de material de naturaleza traquítica a cuarzotraquítica, cuyo análisis petrológico muestran una composición básica de feldespato alcalino idimorfo en formas alistonadas isométricas o prismáticas, con tendencia a presentar agrupamientos de cristales de mayor tamaño. En menor proporción se presentan otros materiales micáceos, férricos y de manganeso. Asimismo se presenta el cuarzo en forma de relleno interticial”. Tras este informe vino el proyecto de Chillida para hacer una escultura monumental.
El autor, con el máximo de los respetos que le merece la memoria del artista mientras estaba vivo y ahora ya muerto, esboza la trama diseñada para legitimar el tremendo pelotazo de la pseudo obra de arte que implica el vaciado de su interior y que será un deterioro irreversible a este lugar que fue un lugar sagrado para los majos, da cuenta detallada de los grabados podomorfos que están en su falda, y es un bello monumento natural en sí mismo. Es triste leer los insultos que Chillida, estilo perreta infantil, dedicó a los que llama falsos ecologistas que en el fondo no tienen otro delito sino defender su tierra de las manos de la especulación y la voracidad del capital. Al mismo tiempo, y en contraste con estas declaraciones, en el ensayo se destacan otras declaraciones de personalidades como Pepe Dámaso, Adrián Alemán o José Díaz Cuyás y que se resumen en el concepto desnaturalizar el espacio de esta montaña para hacer un escenario propicio al monocultivo del turismo.
La tierra canaria está herida de muerte en muchos de sus rincones. Para las personas que creemos que nuestra tierra debe ser defendida de la especulación sobre todas las cosas tenemos un referente muy importante en el texto de Jesús Giráldez pues es un ejemplo de la dignidad del pueblo que es capaz de aportar soluciones más justas y democráticas, más inteligentes también, que sus políticos y gobernantes que se supone que cobran para ello. Por eso que Libreando Ediciones se estrene con este texto es un lujo para todos los canarios de bien que quieran informarse de lo qué está pasando realmente en estas islas de gobernantes bananeros. Por eso, desde este lugar, estaremos atentos a nuevos proyectos que esta editorial está planeando para el futuro para darles el oportuno eco.
Canarias Digital (http://www.canariasdigital.org/), 25 de junio de 2007.
Me tienen frito (http://metienenfrito.blogspot.com)
ATAN Chillida y Tindaya
Ha muerto Chillida, ha desaparecido el más famoso escultor vivo del siglo XX, él era uno de los pocos que el destino ha consagrado en vida y, como tal, tiene un capítulo propio en las enciclopedias de arte. Fue profeta en su tierra vasca y también en su patria: el mundo. La práctica totalidad de los medios de comunicación dedicaron varias páginas al óbito del admirado artista, editoriales, biografías, memorias o artículos de las más afamadas firmas literarias y artísticas son la prueba del gran reconocimiento que gozó el genial escultor. Pero, a veces como lamento, otras como una maldición e, incluso, como causa de dolor y muerte, una palabra sobrevuela una gran parte de los comentarios, una palabra recurrente y que para siempre quedará asociada a Chillida: Tindaya, el nombre de la montaña majorera que el escultor hizo saltar a la fama.
Pero mucho antes, cuando aún Chillida no conocía la montaña que le hizo soñar despierto, Tindaya tenía historia. Para generaciones de majoreros es lugar de brujas, de comunicación con el más allá. Para los geólogos es algo singular este pitón traquítico cuyas rocas, alteradas por los fenómenos hidromagmáticos, constituye una de las maravillas de la naturaleza isleña Los botánicos reclamaban su protección por la existencias de varios endemismos exclusivos de Fuerteventura, es el caso de Aychryson bethencourtianum que se encuentra en grave peligro de extinción. Los zoólogos conocían que sirve de refugio a especies muchas de las cuales están catalogadas como raras. Allí nidifica una pareja de "aguilillas", (Buteo buteo insularum) y comparten este espacio con otra de Cuervos (Corvus corax tingitanus), especie que, desgraciadamente, se encuentra en regresión en todo el archipiélago. Lo mismo le ocurre al Camachuelo Trompetero (Bucanetes githagineus amantum), que frecuenta las laderas y partes bajas de la montaña. Todavía se pueden observar en Tindaya importantes concentraciones de Tarabilla Canaria (Saxicola dacotiae). Los arqueólogos hace muchos años que reclamaron la protección de los restos y de los grabados dejados por los aborígenes de Fuerteventura en las faldas de la montaña, mientras que los etnólogos resaltaban su papel en las tradiciones majoreras y su importancia en la cultura insular.
Tanta belleza no podía pasar desapercibida, pronto se fundaron empresas con el fin de arrebatar a la montaña su esencia, lo que la diferencia del entorno y la hace singular: su roca, la piedra de extraños dibujos que sustentan su imponente fisonomía. Por primera vez en su historia, Tindaya era mirada con los anteojos del dinero; con ellos, sólo se ven los millones que valen sus toneladas de montaña, todo lo demás deja de existir porque ya no tiene interés económico, las antiparras no dejan ver otra cosa. Suntuosos edificios comienzan a ser vestidos con lienzos de rocas arrebatadas y esta mezcla de dinero y Tindaya consigue su mejor expresión, simbólica y artística, en el edificio de la sede principal de la Caja de Canarias pues, su fachada, está totalmente cubierta con piedra de Tindaya. En aquellos años, que ahora nos parecen tan lejanos, ecologistas, botánicos, geólogos, geógrafos, arqueólogos, historiadores... protestamos por la sangría que se estaba haciendo a Tindaya. Denunciamos que la demanda de una piedra tan bella convertiría la sangría en una hemorragia que acabaría con la montaña en muy poco tiempo. Se consiguió contraponer, a la razones del dinero, los argumentos de la ciencia, de la historia, de la ecología y de la cultura y en la LEY 12/1987, de 19 de junio, de declaración de Espacios Naturales de Canarias, fuera Tindaya el que primer espacio que se cita para Fuerteventura. Las canteras tendrían que cerrarse, la montaña podría seguir destacando en el paisaje, albergando plantas y pájaros y guardando los recuerdos de los primeros habitantes de la isla.
Era un sueño, Tindaya, y por culpa de una noche de insomnio de Chillida, despertó al verse imaginada desposeída de sus entrañas, expuesto su interior a las luces de los astros, los pájaros idos, las plantas pisadas y ahogadas por el polvo y, sus recuerdos, los que había conservados durante siglos, desaparecidos en el maremagno de la gran obra que, según su autor, haría pequeños a los todos los mortales. (Aunque, dicho sea de paso, eso lo hace sentir Tindaya sin necesidad de añadidos ni de vaciados). Lo que sí se ha conseguido con el proyecto de Chillida , y esto si que es novedad en la historia de la montaña, es hacer muy ricos a unos pocos. Eso es la peor, Tindaya ha quedado asociada al mal de nuestra sociedad: la deshonestidad y la corrupción. En esta ocasión, los promotores canarios se aprovecharon de la excusa del arte para tratar de ocultar el gran negocio que ha supuesto el Proyecto Monumental de Montaña Tindaya.
La viuda del gran artista vasco, en una entrevista publicada en los periódicos de su tierra, culpa a los "llamados ecologistas" de haber hecho "mucho daño a Eduardo" y nos acusa de haber destruido algo muy bonito. Y añade: "Eduardo ha cumplido todos sus sueños, excepto Tindaya. Nada de lo que ha querido hacer y ha hecho fue por otro motivo que porque le salía del alma". De pocas personas se puede decir a la hora de su muerte que cumplió, menos uno, sus sueños y que ha podido hacer en vida todo lo que le salía del alma. Nos alegramos por él; pero su único sueño incumplido, era y es irrealizable; la razón es sencilla y fácil de comprender cuando se vive en un estado de derecho: Tindaya es un espacio natural protegido y sus numerosos restos arqueológicos amparan legalmente su conservación. Las leyes no hacen, en las sociedades democráticas, excepciones con los genios porque, incluso ellos, son pequeños al lado de Tindaya y de la naturaleza de Fuerteventura.
Esperemos que los tribunales depuren las responsabilidades y castigue a los que quisieron, y todavía pretenden, convertir Tindaya en la cueva de Alí Baba y los cuarenta ladrones. Que la montaña mágica de Fuerteventura siga peinando con su cima a los alisios, sus laderas cobijen eternamente a los seres vivos (también a las brujas) que la han elegido como hogar y que siga conservando en sus arrugadas laderas los recuerdos grabados por los majos. Dejemos descansar a los muertos, dejemos en paz a Tindaya.
Eustaquio Villalba Moreno
Portavoz de ATAN
atan.org (http://www.atan.org)
Tindaya, monumento a la intolerancia por Jesús Giráldez Macía (http://www.fuerteventuradigital.com/noticias/opinion/2006/01/24/101544.asp)
23 de Enero de 2006
Se ha lanzado una nueva ofensiva sobre la Montaña de Tindaya. Parece que la definitiva. Desde hace más de diez años la clase política canaria, adicta a las obras faraónicas, se ha empeñado en agujerear ese espacio natural y cultural protegido bajo el pretexto de regalar a Fuerteventura una pretendida obra de arte de un artista fallecido. Para llegar a tal objetivo nuestros políticos no han dudado en mentir, en robar, en dilapidar los fondos públicos, en cambiar leyes, en obviar informes científicos, o en impedir su total y necesaria protección.
Hace unos días, Luis Chillida, hijo del artista que tuvo el sueño que ha dejado insomne a Tindaya, ha declarado que los sondeos confirman la viabilidad técnica para amparar en su seno un cubo –la obra de Chillida no es más que eso- de cincuenta metros de lado. A pesar de habérsele pagado de nuestros fondos públicos 1’5 millones de euros, la empresa adjudicataria no ha tenido ni la decencia ni la actitud ética de venir a Canarias a informar a la ciudadanía sobre las conclusiones de las perforaciones. La noticia, divulgada en exclusiva a través de un periódico madrileño, contenía una afirmación al tiempo ridícula y espeluznante: no sabremos lo que nos encontraremos hasta que no empecemos a agujerear la Montaña.
Este es sólo el último episodio de un inverosímil culebrón que se inició hace 12 años y que ha dejado por el camino el mayor caso de corrupción política en Canarias, todavía irresuelto. A estas alturas es conveniente analizar algunas de las declaraciones realizadas por algunos personajes públicos, obcecados con vaciar las entrañas de Tindaya, desde que el entonces viceconsejero de cultura del Gobierno de Canarias, el majorero Miguel Cabrera, declarase que con la obra de Chillida a Fuerteventura le ha tocado la lotería.
A raíz de las recientes afirmaciones de Luis Chillida, el presidente del cabildo majorero, Mario Cabrera –que en sus años de juventud rebelde se encaramó en la Muda para impedir la instalación de un radar- ha declarado exultante que la obra de Chillida se hará cueste lo que cueste, aunque el costo sea la descontextualización definitiva de uno de los espacios naturales y culturales más representativos de Fuerteventura, eso que su partido considera, en el discurso propagandístico ultraperiférico, como una de las señas de identidad de nuestro pueblo. El socialismo insular tampoco queda al margen: Domingo Fuentes, vicepresidente del Cabildo ha declarado que la obra –en realidad más de ingeniería que de arte- se debe hacer urgentemente. Felices coincidencias con las declaraciones que hace unos años realizó, antes las dudas del artista, otro personaje relevante: voy a convencer por todos los medios al señor Chillida para que esa obra se haga por encima de todo. Aunque parezca lo contrario tal sentencia no la pronunció ningún matón pendenciero, ni siquiera un fanfarrón barriobajero, son palabras del entonces presidente de Canarias, Manuel Hermoso Rojas.
En 1992 las canteras estaban destruyendo la Montaña de Tindaya. Entonces, antes de que Chillida tuviera su infeliz ocurrencia, sólo los colectivos ecologistas y los profesionales de la arqueología denunciaban su expolio. Como respuesta a las denuncias alguien dijo: el interés de las empresas extractoras de piedra es totalmente legítimo. Se pueden compatibilizar los intereses sociales que puedan surgir de la explotación de piedra ornamental al tiempo que conservamos nuestro patrimonio. Tal insostenible equilibrio entre taladrar la Montaña y proteger sus valores no fue defendido por ningún accionista de las canteras sino por el consejero de cultura del Cabildo de Fuerteventura –y posterior presidente- Mario Cabrera.
Los resultados de los sondeos –que no se han hecho públicos- están, como todo lo rodea el proyecto de Chillida, bajo sospecha, puesto que su realización fue concedida sin concurso público a los Estudios Guadiana, empresa que, por los vínculos familiares y de amistades, es la principal beneficiada de que el vaciado de la Montaña de Tindaya se produzca. Unos sondeos innecesarios puesto que, hace ocho años, el parlamentario majorero de coalición canaria José Miguel Barragán manifestó que el Gobierno tiene en su poder un informe de una prestigiosa empresa de prospecciones mineras que asegura que la obra de Chillida es factible. Tal misterioso informe jamás vio la luz pública, de hecho nunca existió, aunque el Gobierno de Canarias destinó para su realización una purriada de millones de pesetas que sorprendentemente se volatizaron, aunque con posterioridad se condensaron en algunos bolsillos político – empresariales.
Pero quizás las más dolorosas argumentaciones a favor de que la insensatez prospere y que la obra de un artista ya fallecido pase por encima de siglos de cultura y milenios de naturaleza, sean dos premisas reiteradas: el complejo de inferioridad de nuestras élites políticas y su continua sumisión al dios del turismo. En este último caso baste recordar que en 1998 José Miguel Barragán anunciaba que las obras empezarán antes de finalizar el año porque se trata de un proyecto vital para el desarrollo turístico de Fuerteventura. Muy vital no debía de ser porque, ocho años más tarde, el turismo mantiene en Fuerteventura toda su fabulosa y desarrollista actividad. Pero sugiere la coartada demagógica para los intereses perversos: sacrificar nuestra cultura y nuestra natura e impulsar la peregrinación turística hacia la caverna grandilocuente. Por cierto, en el acuerdo propuesto hace algún tiempo con la empresa explotadora del monumento se incluía una cláusula de garantía –envidia de jugadores galácticos- según la cual el Gobierno garantiza un número mínimo de visitantes por año, por si hubiera una crisis turística.
El complejo de inferioridad elitista canario tiene su constatación en el modelo victimista adoptado históricamente y en la reiterada creencia de que, salvo los bailes de magos, las romerías y los carnavales, todo lo externo (que venga rodeado de dinero) es mejor. Tindaya es un ejemplo más: desde el desprecio al que han sometido a toda la comunidad científica canaria que se ha opuesto al proyecto de vaciado (especialistas en arqueología, ecología, geología, geografía, astrofísica, botánica, biología, historia o antropología) hasta la contratación como asesor medioambiental de los sondeos, ni más ni menos, que a Francisco Díaz Pineda –presidente de ADENA- quien, en unas impresionantes manifestaciones científicas, aclaró que antes estaba en contra del proyecto, pero después de hablar con Chillida me convencí.
Pero quizás la más explícita ilustración del complejo de inferioridad ultraperiférico sea la contenida en los folletos oficiales que justifican el vaciado de Tindaya: En Fuerteventura existen escasos lugares de interés cultural. Sobran comentarios: estamos gobernados por mediocres que consideran que el arte y la cultura es vaciar una montaña y no esos pies grabados hace siglos en sus piedras, vestigios de bárbaros ilustrados, de salvajes incivilizados que imploraban lluvias y que respetaban la naturaleza porque, sumidos en las tinieblas, consideraban que ellos y la naturaleza eran lo mismo. Somos un pueblo sin cultura, pero gracias a Chillida, a sus herederos y a nuestros políticos, por fin saldremos, como el aforismo aznariano, del rincón de la Historia.
Jesus Giráldez Macia es el autor del ensayo Tindaya: el poder contra el mito en la obra colectiva i-dentidad (Artemisa ediciones)
Fuerteventura Digital (http://www.fuerteventuradigital.com)
incluso el "rendering (http://bbs.keyhole.com/ubb/placemarks/cl-08-23-06-420531864.kmz)" en 3D de Google Earth (para quienes lo tengan instalado en el ordenata), muestra la escabechina que se le ha hecho a Tindaya en su cara Noroeste.
Lo abro con Tindaya, un estropicio al que últimamente no se le da tanto bombo y platillo como cuando comenzaron hará uno o dos años, las catas que seguramente se cargaron algún que otro grabado podomorfo de los Majos.
Reseña de "Tindaya: El Poder contra el Mito" (http://metienenfrito.blogspot.com/2007/06/resea-de-tindaya-el-poder-contra-el.html)
En el actual panorama editorial completamente saturado de basura sin el más mínimo punto de interés hay que tener estómago para crear un editorial libre, autogestionada y que tenga como principios la difusión del conocimiento para que la concienciación cree un nuevo horizonte social. Este es el caso de Libreando Ediciones, integrada en el colectivo de Coordinación Estatal de Luchas Contra el Poder, la Pobreza y la Exclusión Social Baladre, que junto con Zambra ha iniciado a finales de junio de 2007 su andadura con la publicación del ensayo de Jesús Giráldez Macía Tindaya: el poder contra el mito. Este texto fue editado inicialmente en el año 2005 bajo las leyes del copyright en un libro que resulta imprescindible para entender el paradigma del engaño y las falacias arqueológicas de las estructuras ideológicas de poder en las islas por Artemisa Ediciones titulado I-dentidad Canaria (Los Antiguos). Ahora el texto es recogido bajo una Licencia Creative Commons tipo Reconocimiento - No Comercial - Sin Obra Derivada 3.0 al que se le ha añadido un epílogo del mismo autor que actualiza el texto hasta nuestros días, una presentación de José Manuel Hernández y un prólogo de Víctor Martín.
En un lugar como Canarias que cuenta con el título de región ultraperifércia creado a la medida de la burguesía especuladora canaria para enriquecerse a base de destruir nuestro territorio el caso de la Montaña de Tindaya en Fuerteventura cuenta por ser uno de los mayores despropósitos, y hay muchos, del Archipiélago Canario. No es casualidad que la sede del poder financiero chicharrero de CajaCanarias, que ha financiado por vía crediticia otro gran pelotazo en la playa de Las Teresitas, esté recubierta de piedra extraída de esta montaña probablemente de una manera no muy regular.
Las palabras de Jesús Giráldez en este ensayo son un instrumento esclarecedor para comprender las diferentes instrumentalizaciones de la montaña mítica por parte del poder que ansía el tesoro de piedra ubicado en su interior. En la página 45 podemos leer un extracto del informe minero de la composición de la montaña realizado en 1995 por la Consejería de Economía y Hacienda del Gobierno Canario y que cosifica el Monumento Natural de Tindaya para hacerlo comprensible al lenguaje del capital. Dice así: “Se trata de material de naturaleza traquítica a cuarzotraquítica, cuyo análisis petrológico muestran una composición básica de feldespato alcalino idimorfo en formas alistonadas isométricas o prismáticas, con tendencia a presentar agrupamientos de cristales de mayor tamaño. En menor proporción se presentan otros materiales micáceos, férricos y de manganeso. Asimismo se presenta el cuarzo en forma de relleno interticial”. Tras este informe vino el proyecto de Chillida para hacer una escultura monumental.
El autor, con el máximo de los respetos que le merece la memoria del artista mientras estaba vivo y ahora ya muerto, esboza la trama diseñada para legitimar el tremendo pelotazo de la pseudo obra de arte que implica el vaciado de su interior y que será un deterioro irreversible a este lugar que fue un lugar sagrado para los majos, da cuenta detallada de los grabados podomorfos que están en su falda, y es un bello monumento natural en sí mismo. Es triste leer los insultos que Chillida, estilo perreta infantil, dedicó a los que llama falsos ecologistas que en el fondo no tienen otro delito sino defender su tierra de las manos de la especulación y la voracidad del capital. Al mismo tiempo, y en contraste con estas declaraciones, en el ensayo se destacan otras declaraciones de personalidades como Pepe Dámaso, Adrián Alemán o José Díaz Cuyás y que se resumen en el concepto desnaturalizar el espacio de esta montaña para hacer un escenario propicio al monocultivo del turismo.
La tierra canaria está herida de muerte en muchos de sus rincones. Para las personas que creemos que nuestra tierra debe ser defendida de la especulación sobre todas las cosas tenemos un referente muy importante en el texto de Jesús Giráldez pues es un ejemplo de la dignidad del pueblo que es capaz de aportar soluciones más justas y democráticas, más inteligentes también, que sus políticos y gobernantes que se supone que cobran para ello. Por eso que Libreando Ediciones se estrene con este texto es un lujo para todos los canarios de bien que quieran informarse de lo qué está pasando realmente en estas islas de gobernantes bananeros. Por eso, desde este lugar, estaremos atentos a nuevos proyectos que esta editorial está planeando para el futuro para darles el oportuno eco.
Canarias Digital (http://www.canariasdigital.org/), 25 de junio de 2007.
Me tienen frito (http://metienenfrito.blogspot.com)
ATAN Chillida y Tindaya
Ha muerto Chillida, ha desaparecido el más famoso escultor vivo del siglo XX, él era uno de los pocos que el destino ha consagrado en vida y, como tal, tiene un capítulo propio en las enciclopedias de arte. Fue profeta en su tierra vasca y también en su patria: el mundo. La práctica totalidad de los medios de comunicación dedicaron varias páginas al óbito del admirado artista, editoriales, biografías, memorias o artículos de las más afamadas firmas literarias y artísticas son la prueba del gran reconocimiento que gozó el genial escultor. Pero, a veces como lamento, otras como una maldición e, incluso, como causa de dolor y muerte, una palabra sobrevuela una gran parte de los comentarios, una palabra recurrente y que para siempre quedará asociada a Chillida: Tindaya, el nombre de la montaña majorera que el escultor hizo saltar a la fama.
Pero mucho antes, cuando aún Chillida no conocía la montaña que le hizo soñar despierto, Tindaya tenía historia. Para generaciones de majoreros es lugar de brujas, de comunicación con el más allá. Para los geólogos es algo singular este pitón traquítico cuyas rocas, alteradas por los fenómenos hidromagmáticos, constituye una de las maravillas de la naturaleza isleña Los botánicos reclamaban su protección por la existencias de varios endemismos exclusivos de Fuerteventura, es el caso de Aychryson bethencourtianum que se encuentra en grave peligro de extinción. Los zoólogos conocían que sirve de refugio a especies muchas de las cuales están catalogadas como raras. Allí nidifica una pareja de "aguilillas", (Buteo buteo insularum) y comparten este espacio con otra de Cuervos (Corvus corax tingitanus), especie que, desgraciadamente, se encuentra en regresión en todo el archipiélago. Lo mismo le ocurre al Camachuelo Trompetero (Bucanetes githagineus amantum), que frecuenta las laderas y partes bajas de la montaña. Todavía se pueden observar en Tindaya importantes concentraciones de Tarabilla Canaria (Saxicola dacotiae). Los arqueólogos hace muchos años que reclamaron la protección de los restos y de los grabados dejados por los aborígenes de Fuerteventura en las faldas de la montaña, mientras que los etnólogos resaltaban su papel en las tradiciones majoreras y su importancia en la cultura insular.
Tanta belleza no podía pasar desapercibida, pronto se fundaron empresas con el fin de arrebatar a la montaña su esencia, lo que la diferencia del entorno y la hace singular: su roca, la piedra de extraños dibujos que sustentan su imponente fisonomía. Por primera vez en su historia, Tindaya era mirada con los anteojos del dinero; con ellos, sólo se ven los millones que valen sus toneladas de montaña, todo lo demás deja de existir porque ya no tiene interés económico, las antiparras no dejan ver otra cosa. Suntuosos edificios comienzan a ser vestidos con lienzos de rocas arrebatadas y esta mezcla de dinero y Tindaya consigue su mejor expresión, simbólica y artística, en el edificio de la sede principal de la Caja de Canarias pues, su fachada, está totalmente cubierta con piedra de Tindaya. En aquellos años, que ahora nos parecen tan lejanos, ecologistas, botánicos, geólogos, geógrafos, arqueólogos, historiadores... protestamos por la sangría que se estaba haciendo a Tindaya. Denunciamos que la demanda de una piedra tan bella convertiría la sangría en una hemorragia que acabaría con la montaña en muy poco tiempo. Se consiguió contraponer, a la razones del dinero, los argumentos de la ciencia, de la historia, de la ecología y de la cultura y en la LEY 12/1987, de 19 de junio, de declaración de Espacios Naturales de Canarias, fuera Tindaya el que primer espacio que se cita para Fuerteventura. Las canteras tendrían que cerrarse, la montaña podría seguir destacando en el paisaje, albergando plantas y pájaros y guardando los recuerdos de los primeros habitantes de la isla.
Era un sueño, Tindaya, y por culpa de una noche de insomnio de Chillida, despertó al verse imaginada desposeída de sus entrañas, expuesto su interior a las luces de los astros, los pájaros idos, las plantas pisadas y ahogadas por el polvo y, sus recuerdos, los que había conservados durante siglos, desaparecidos en el maremagno de la gran obra que, según su autor, haría pequeños a los todos los mortales. (Aunque, dicho sea de paso, eso lo hace sentir Tindaya sin necesidad de añadidos ni de vaciados). Lo que sí se ha conseguido con el proyecto de Chillida , y esto si que es novedad en la historia de la montaña, es hacer muy ricos a unos pocos. Eso es la peor, Tindaya ha quedado asociada al mal de nuestra sociedad: la deshonestidad y la corrupción. En esta ocasión, los promotores canarios se aprovecharon de la excusa del arte para tratar de ocultar el gran negocio que ha supuesto el Proyecto Monumental de Montaña Tindaya.
La viuda del gran artista vasco, en una entrevista publicada en los periódicos de su tierra, culpa a los "llamados ecologistas" de haber hecho "mucho daño a Eduardo" y nos acusa de haber destruido algo muy bonito. Y añade: "Eduardo ha cumplido todos sus sueños, excepto Tindaya. Nada de lo que ha querido hacer y ha hecho fue por otro motivo que porque le salía del alma". De pocas personas se puede decir a la hora de su muerte que cumplió, menos uno, sus sueños y que ha podido hacer en vida todo lo que le salía del alma. Nos alegramos por él; pero su único sueño incumplido, era y es irrealizable; la razón es sencilla y fácil de comprender cuando se vive en un estado de derecho: Tindaya es un espacio natural protegido y sus numerosos restos arqueológicos amparan legalmente su conservación. Las leyes no hacen, en las sociedades democráticas, excepciones con los genios porque, incluso ellos, son pequeños al lado de Tindaya y de la naturaleza de Fuerteventura.
Esperemos que los tribunales depuren las responsabilidades y castigue a los que quisieron, y todavía pretenden, convertir Tindaya en la cueva de Alí Baba y los cuarenta ladrones. Que la montaña mágica de Fuerteventura siga peinando con su cima a los alisios, sus laderas cobijen eternamente a los seres vivos (también a las brujas) que la han elegido como hogar y que siga conservando en sus arrugadas laderas los recuerdos grabados por los majos. Dejemos descansar a los muertos, dejemos en paz a Tindaya.
Eustaquio Villalba Moreno
Portavoz de ATAN
atan.org (http://www.atan.org)
Tindaya, monumento a la intolerancia por Jesús Giráldez Macía (http://www.fuerteventuradigital.com/noticias/opinion/2006/01/24/101544.asp)
23 de Enero de 2006
Se ha lanzado una nueva ofensiva sobre la Montaña de Tindaya. Parece que la definitiva. Desde hace más de diez años la clase política canaria, adicta a las obras faraónicas, se ha empeñado en agujerear ese espacio natural y cultural protegido bajo el pretexto de regalar a Fuerteventura una pretendida obra de arte de un artista fallecido. Para llegar a tal objetivo nuestros políticos no han dudado en mentir, en robar, en dilapidar los fondos públicos, en cambiar leyes, en obviar informes científicos, o en impedir su total y necesaria protección.
Hace unos días, Luis Chillida, hijo del artista que tuvo el sueño que ha dejado insomne a Tindaya, ha declarado que los sondeos confirman la viabilidad técnica para amparar en su seno un cubo –la obra de Chillida no es más que eso- de cincuenta metros de lado. A pesar de habérsele pagado de nuestros fondos públicos 1’5 millones de euros, la empresa adjudicataria no ha tenido ni la decencia ni la actitud ética de venir a Canarias a informar a la ciudadanía sobre las conclusiones de las perforaciones. La noticia, divulgada en exclusiva a través de un periódico madrileño, contenía una afirmación al tiempo ridícula y espeluznante: no sabremos lo que nos encontraremos hasta que no empecemos a agujerear la Montaña.
Este es sólo el último episodio de un inverosímil culebrón que se inició hace 12 años y que ha dejado por el camino el mayor caso de corrupción política en Canarias, todavía irresuelto. A estas alturas es conveniente analizar algunas de las declaraciones realizadas por algunos personajes públicos, obcecados con vaciar las entrañas de Tindaya, desde que el entonces viceconsejero de cultura del Gobierno de Canarias, el majorero Miguel Cabrera, declarase que con la obra de Chillida a Fuerteventura le ha tocado la lotería.
A raíz de las recientes afirmaciones de Luis Chillida, el presidente del cabildo majorero, Mario Cabrera –que en sus años de juventud rebelde se encaramó en la Muda para impedir la instalación de un radar- ha declarado exultante que la obra de Chillida se hará cueste lo que cueste, aunque el costo sea la descontextualización definitiva de uno de los espacios naturales y culturales más representativos de Fuerteventura, eso que su partido considera, en el discurso propagandístico ultraperiférico, como una de las señas de identidad de nuestro pueblo. El socialismo insular tampoco queda al margen: Domingo Fuentes, vicepresidente del Cabildo ha declarado que la obra –en realidad más de ingeniería que de arte- se debe hacer urgentemente. Felices coincidencias con las declaraciones que hace unos años realizó, antes las dudas del artista, otro personaje relevante: voy a convencer por todos los medios al señor Chillida para que esa obra se haga por encima de todo. Aunque parezca lo contrario tal sentencia no la pronunció ningún matón pendenciero, ni siquiera un fanfarrón barriobajero, son palabras del entonces presidente de Canarias, Manuel Hermoso Rojas.
En 1992 las canteras estaban destruyendo la Montaña de Tindaya. Entonces, antes de que Chillida tuviera su infeliz ocurrencia, sólo los colectivos ecologistas y los profesionales de la arqueología denunciaban su expolio. Como respuesta a las denuncias alguien dijo: el interés de las empresas extractoras de piedra es totalmente legítimo. Se pueden compatibilizar los intereses sociales que puedan surgir de la explotación de piedra ornamental al tiempo que conservamos nuestro patrimonio. Tal insostenible equilibrio entre taladrar la Montaña y proteger sus valores no fue defendido por ningún accionista de las canteras sino por el consejero de cultura del Cabildo de Fuerteventura –y posterior presidente- Mario Cabrera.
Los resultados de los sondeos –que no se han hecho públicos- están, como todo lo rodea el proyecto de Chillida, bajo sospecha, puesto que su realización fue concedida sin concurso público a los Estudios Guadiana, empresa que, por los vínculos familiares y de amistades, es la principal beneficiada de que el vaciado de la Montaña de Tindaya se produzca. Unos sondeos innecesarios puesto que, hace ocho años, el parlamentario majorero de coalición canaria José Miguel Barragán manifestó que el Gobierno tiene en su poder un informe de una prestigiosa empresa de prospecciones mineras que asegura que la obra de Chillida es factible. Tal misterioso informe jamás vio la luz pública, de hecho nunca existió, aunque el Gobierno de Canarias destinó para su realización una purriada de millones de pesetas que sorprendentemente se volatizaron, aunque con posterioridad se condensaron en algunos bolsillos político – empresariales.
Pero quizás las más dolorosas argumentaciones a favor de que la insensatez prospere y que la obra de un artista ya fallecido pase por encima de siglos de cultura y milenios de naturaleza, sean dos premisas reiteradas: el complejo de inferioridad de nuestras élites políticas y su continua sumisión al dios del turismo. En este último caso baste recordar que en 1998 José Miguel Barragán anunciaba que las obras empezarán antes de finalizar el año porque se trata de un proyecto vital para el desarrollo turístico de Fuerteventura. Muy vital no debía de ser porque, ocho años más tarde, el turismo mantiene en Fuerteventura toda su fabulosa y desarrollista actividad. Pero sugiere la coartada demagógica para los intereses perversos: sacrificar nuestra cultura y nuestra natura e impulsar la peregrinación turística hacia la caverna grandilocuente. Por cierto, en el acuerdo propuesto hace algún tiempo con la empresa explotadora del monumento se incluía una cláusula de garantía –envidia de jugadores galácticos- según la cual el Gobierno garantiza un número mínimo de visitantes por año, por si hubiera una crisis turística.
El complejo de inferioridad elitista canario tiene su constatación en el modelo victimista adoptado históricamente y en la reiterada creencia de que, salvo los bailes de magos, las romerías y los carnavales, todo lo externo (que venga rodeado de dinero) es mejor. Tindaya es un ejemplo más: desde el desprecio al que han sometido a toda la comunidad científica canaria que se ha opuesto al proyecto de vaciado (especialistas en arqueología, ecología, geología, geografía, astrofísica, botánica, biología, historia o antropología) hasta la contratación como asesor medioambiental de los sondeos, ni más ni menos, que a Francisco Díaz Pineda –presidente de ADENA- quien, en unas impresionantes manifestaciones científicas, aclaró que antes estaba en contra del proyecto, pero después de hablar con Chillida me convencí.
Pero quizás la más explícita ilustración del complejo de inferioridad ultraperiférico sea la contenida en los folletos oficiales que justifican el vaciado de Tindaya: En Fuerteventura existen escasos lugares de interés cultural. Sobran comentarios: estamos gobernados por mediocres que consideran que el arte y la cultura es vaciar una montaña y no esos pies grabados hace siglos en sus piedras, vestigios de bárbaros ilustrados, de salvajes incivilizados que imploraban lluvias y que respetaban la naturaleza porque, sumidos en las tinieblas, consideraban que ellos y la naturaleza eran lo mismo. Somos un pueblo sin cultura, pero gracias a Chillida, a sus herederos y a nuestros políticos, por fin saldremos, como el aforismo aznariano, del rincón de la Historia.
Jesus Giráldez Macia es el autor del ensayo Tindaya: el poder contra el mito en la obra colectiva i-dentidad (Artemisa ediciones)
Fuerteventura Digital (http://www.fuerteventuradigital.com)
incluso el "rendering (http://bbs.keyhole.com/ubb/placemarks/cl-08-23-06-420531864.kmz)" en 3D de Google Earth (para quienes lo tengan instalado en el ordenata), muestra la escabechina que se le ha hecho a Tindaya en su cara Noroeste.