Jona the Great
March 31st, 2008, 08:29 PM
77 años después del terremoto de 1931, Managua sigue empujada al azar
“La ciudad que se fragmentó en islas”
Edwin Sánchez
END - 07:55 - 31/03/2008
Son más de 300 barrios que pujan por ser la única capital del mundo sin alma
de ciudad. Bolsones humanos por acá, residenciales al sur y asentamientos
más que espontáneos, calculados, crecen en un municipio de fronteras
disipadas donde se apuesta mejor a las reglas de un juego de dados, en vez
de observar las normas de una metrópoli de verdad.
Managua, ya no sus edificios y calles, sino la de carne y hueso, se siente
más a gusto con sus recuerdos que con su frágil presente de capital sin
destino. Distinta de todas las de su categoría en el planeta, hasta carece de
un siglo nuevo. Si su definición alcanzara en un diccionario, de la primera
comuna del país se diría: “Se expandió sin corazón, y, paradójicamente, a
punto de latidos comerciales”. Su principal órgano civil, eclesiástico y
comercial colapsó en fechas sagradas: el Martes Santo y en la víspera de la
Navidad de 1972. Desde esos entonces, perdió sus ganas de ciudad y nadie
da cuentas de su rumbo profano. Es una capital sin timón, que extravió su
armonía y se extiende sin ritmo definido.
Direcciones del más allá
Sus direcciones, si se las toma al pie de la letra, son las de una ciudad
muerta. Evocadora, llena de fantasmas, los recuerdos se trasmiten de padres
a hijos, de tal manera que la verdadera ciudad no encuentra sitio entre
tantas reminiscencias: el “de donde fue La Pepsi…, de donde fue la Aduana…,
de donde fue el Teatro González…”, se impone con vigor. Hasta una venta de
fritanga hace gala de su glorioso pasado: “La misma famosa carne asada del
Gran Hotel”.
Si los abuelos hablan de la vieja Managua, y los padres también, los nietos, a
falta de una ciudad con sentido de polis, frecuentan con avidez esos
recuerdos, de tal manera que hay evocaciones de segunda y hasta de
tercera generación sin haberse detenido a cumplir con un requisito elemental:
haberlas vivido.
Así, la famosa “Novia del Xolotlán” es una suma de memorias, algunas
retocadas, otras inventadas, unas más, al no ser obra de la vida, terminaron
armadas con trozos de realidades, de mitos, de leyendas, de puntos de vista
a veces elevados a dogmas urbanos, en fin, Managua parece una ciudad mal
contada, pero bien cantada por Otto de La Rocha y Carlos Mejía Godoy.
En el trono de geografía política
El nacimiento de Managua como capital es anómalo, toda vez que llegó al
trono de la geografía política como una solución salomónica ante las
rivalidades históricas entre León y Granada.
Cada año, las fechas de los terremotos ponen en evidencia la falta de ciudad
que tiene la capital. Hay programas de radio dedicados totalmente a
administrar la memoria de Managua, como lo hace el ingeniero Bayardo
Cuadra. La televisión pasa imágenes de la Roosevelt navideña, del malecón
de antaño, de la explanada de Tiscapa… y los vende discos llevan en su
repertorio las películas de una capital que parece seguir proyectada en
blanco y negro.
Las exposiciones anuales de la Alcaldía, promovidas por el historiador y
periodista Roberto Sánchez, no son más que la oficialización del culto a una
melancolía colectiva. Los que no vivieron sus décadas gloriosas, sobre todo
los 60-70, se asoman a ver las ampliadas fotografías y así, terminan
reconstruyendo lo que han conocido de oídas. El Estadio Nacional, un
monumento de otra época, todavía alberga a los aficionados de este siglo
XXI. Y junto al antiguo edificio del Banco de América, el parque de pelotas
ayuda a darle mantenimiento a las remembranzas que invaden la existencia
de los que nunca conocieron de primera mano los recuerdos idolatrados.
Todo apunta hacia el pasado en un hermoso ejercicio de los sentimientos,
pero nadie afina la puntería de lo que debe ser la “Leal Villa de Santiago de
Managua”. Pero mientras los ciudadanos sueñan a la ciudad, el mercado
calcula: las poblaciones premeditadas por las sociedades anónimas
construyen sus centros a su imagen y semejanza, es decir, sin identidad.
Urbes en serie
Muchos confunden estos multicentros con el centro de Managua, cuando sólo
son enclaves comerciales que florecen ahora en todos los países como
fotocopias pomposas de urbes en series.
Y entre los antiguos recuerdos de abuelos y padres que habitaron en una
ciudad de verdad y los nuevos que provocan estas localidades falsificadas, es
justificable escoger lo original, aunque sea invocado.
Capital al garete, después del terremoto del 72, algunos pensaron en
trasladar el eje hacia Los Pueblos, otros a Granada. Ahora, por las fuerzas
ciegas del mercado, Managua parece repetir sus primeros días de
terremoteada a una escala surrealista: en vez del éxodo de las víctimas,
ahora es la ciudad misma que se fuga de la capital…
¿Dónde está el centro de la capital?
Capital sin centro, encontrarlo es una tarea que superará muchas
administraciones edilicias. Algunas personalidades adelantan sus ideas y otros
pueden incluso apreciar en Managua una metáfora de Nicaragua. Aquí,
algunas consideraciones sobre lo que se piensa del corazón fallado de la
capital:
El escritor Sergio Ramírez Mercado, desde New Haven, nos dice:
Managua perdió su apacible centro provinciano con el terremoto. Pese a
todo, era una ciudad con centro, y cumplía esa regla fundamental de que hay
centro cuando la gente vive allí, y cuando los negocios se cierran, la vida
queda. Es lo que ahora no se ha conseguido, porque hay oficinas públicas,
pero no vida.
Y existen muchos pequeños focos de vida, porque la ciudad se fragmentó en
islas, pero no es una ciudad para la gente porque ni siquiera hay aceras para
caminar, y cuando las hay, se las roban los restaurantes y cantinas, y
obligan a los peatones a tirarse a la calle bajo el riesgo de ser atropellados.
Es una ciudad que perdió el centro, y perdió el alma.
El historiador Aldo Díaz Lacayo:
Creo que el centro, inevitablemente, van a terminar siendo la Catedral y la
Rotonda Rubén Darío. Ahora, si la reconstrucción de la parte norte, es decir,
desde la Rotonda Bolívar hasta El Malecón no se hace en algunos años, el
centro podría trasladarse hasta la intersección de la llamada Pista Cardenal
Obando.
Pero yo percibo que el centro va a ser la Catedral, por la tradición histórica
de que en los centros de las ciudades suelen estar las sedes de los poderes
civiles y eclesiásticos, y ahí están el Consejo Supremo Electoral, el Ministerio
Público, la Policía.
El compositor de “Managua, Linda Managua”, Otto de la Rocha:
Entiendo que el centro lo han querido hacer en Metrocentro. Lo que pasa es
que Managua está toda desparramada, es una ciudad que se ha hecho
grande. Ahora está compuesta por repartos, sobre todo al lado de la
carretera a Masaya. Prácticamente el centro de Managua yo no lo podría
localizar, porque es una ciudad desordenada y sin rumbo.
Pareciera que Masaya se va a unir con Managua. Yo no le veo un centro, ni
como una ciudad que se precie de seria como yo quisiera y como la he
pintado en la canción “Managua, linda Managua”, una chavala de 15 años
que empieza a engalanarse. Espero que los alcaldes ordenen la ciudad. Yo ya
la compuse, ahora falta que la ejecuten.
El sociólogo y economista Cirilo Otero:
A Managua le ha pasado un fenómeno, llamémosle de carácter urbanístico,
bastante común en América Latina, donde se pierde la idea del centro y
nacen nuevos centros, y además conserva varios centros. Esa es una
modalidad nueva, se encuentra en Perú, en Bolivia y en el mismo México,
aunque ahí tradicionalmente se remite al zócalo.
A Managua le ha sucedido lo mismo, pero aquí por displicencia de carácter
político, administrativo y económico a la hora de diseñar la ciudad. Ha crecido
desordenadamente por todos lados, y hay centros de diversión, financiero y
económico hacia la carretera a Masaya, además de los centros comerciales.
Todo se agrava, porque tenemos un sistema de transportación envejecido, y
todo viaje, en bus o en taxi, es demasiado largo: ahí se siente el defecto de
la ciudad. Deberíamos tener líneas de buses por barrios o por distritos.
Debe entrar a funcionar la inteligencia de arquitectos, ingenieros y
economistas para hacer cálculos, y que los tomadores de decisión asuman las
acciones más convenientes en términos de distribución espacial y costos
económicos.
Del nuevo arte
Tampoco la capital ha gozado de la abundancia de dignos monumentos.
Algunos más bien refuerzan su aspecto de ciudad empujada por el azar.
Sin embargo, los mejores no son ni siquiera de la última década del siglo
pasado, sino hermosos testimonios de una Managua que elevaron a la cúspide
Edith Grön y Fernando Saravia.
Más allá del tema político, la estatua metálica en “honor al combatiente
popular”, ubicada cerca “de donde fue” el Teatro González, no colabora en
nada con el ornato de una capital que no termina de hacerse.
Cuando vi a don Fernando Saravia, yo le hablé sobre algunos de los
armatostes que no hacen lucir bien a la capital.
Don Fernando, yo veo algunos monumentos en la capital que sufren de
desproporcionalidad --le dije.
Muchos no se preocupan por buscar las proporciones exactas. Y yo creo que
deben preocuparse por eso.
Está el del “Combatiente Popular”, cerca del Teatro González.
¡Y en el mero centro! Quien hace una cosa fea y peor en un lugar tan
vistoso, lo que hace es exhibirse él mismo.
¿Qué otro monumento debería estar ahí? ¿Usted haría otra cosa?
No, no es el tema, sino cómo se maneja, cómo se hace. Porque usted puede
hacer un dedo y lo hace con precisión, hasta llegar a lo digital.
En el detalle que quede la impresión del dedo. Veo mis manos, un ejemplo,
que son suavecitas, a pesar de que he trabajado duro, pero la forma… la forma
“La ciudad que se fragmentó en islas”
Edwin Sánchez
END - 07:55 - 31/03/2008
Son más de 300 barrios que pujan por ser la única capital del mundo sin alma
de ciudad. Bolsones humanos por acá, residenciales al sur y asentamientos
más que espontáneos, calculados, crecen en un municipio de fronteras
disipadas donde se apuesta mejor a las reglas de un juego de dados, en vez
de observar las normas de una metrópoli de verdad.
Managua, ya no sus edificios y calles, sino la de carne y hueso, se siente
más a gusto con sus recuerdos que con su frágil presente de capital sin
destino. Distinta de todas las de su categoría en el planeta, hasta carece de
un siglo nuevo. Si su definición alcanzara en un diccionario, de la primera
comuna del país se diría: “Se expandió sin corazón, y, paradójicamente, a
punto de latidos comerciales”. Su principal órgano civil, eclesiástico y
comercial colapsó en fechas sagradas: el Martes Santo y en la víspera de la
Navidad de 1972. Desde esos entonces, perdió sus ganas de ciudad y nadie
da cuentas de su rumbo profano. Es una capital sin timón, que extravió su
armonía y se extiende sin ritmo definido.
Direcciones del más allá
Sus direcciones, si se las toma al pie de la letra, son las de una ciudad
muerta. Evocadora, llena de fantasmas, los recuerdos se trasmiten de padres
a hijos, de tal manera que la verdadera ciudad no encuentra sitio entre
tantas reminiscencias: el “de donde fue La Pepsi…, de donde fue la Aduana…,
de donde fue el Teatro González…”, se impone con vigor. Hasta una venta de
fritanga hace gala de su glorioso pasado: “La misma famosa carne asada del
Gran Hotel”.
Si los abuelos hablan de la vieja Managua, y los padres también, los nietos, a
falta de una ciudad con sentido de polis, frecuentan con avidez esos
recuerdos, de tal manera que hay evocaciones de segunda y hasta de
tercera generación sin haberse detenido a cumplir con un requisito elemental:
haberlas vivido.
Así, la famosa “Novia del Xolotlán” es una suma de memorias, algunas
retocadas, otras inventadas, unas más, al no ser obra de la vida, terminaron
armadas con trozos de realidades, de mitos, de leyendas, de puntos de vista
a veces elevados a dogmas urbanos, en fin, Managua parece una ciudad mal
contada, pero bien cantada por Otto de La Rocha y Carlos Mejía Godoy.
En el trono de geografía política
El nacimiento de Managua como capital es anómalo, toda vez que llegó al
trono de la geografía política como una solución salomónica ante las
rivalidades históricas entre León y Granada.
Cada año, las fechas de los terremotos ponen en evidencia la falta de ciudad
que tiene la capital. Hay programas de radio dedicados totalmente a
administrar la memoria de Managua, como lo hace el ingeniero Bayardo
Cuadra. La televisión pasa imágenes de la Roosevelt navideña, del malecón
de antaño, de la explanada de Tiscapa… y los vende discos llevan en su
repertorio las películas de una capital que parece seguir proyectada en
blanco y negro.
Las exposiciones anuales de la Alcaldía, promovidas por el historiador y
periodista Roberto Sánchez, no son más que la oficialización del culto a una
melancolía colectiva. Los que no vivieron sus décadas gloriosas, sobre todo
los 60-70, se asoman a ver las ampliadas fotografías y así, terminan
reconstruyendo lo que han conocido de oídas. El Estadio Nacional, un
monumento de otra época, todavía alberga a los aficionados de este siglo
XXI. Y junto al antiguo edificio del Banco de América, el parque de pelotas
ayuda a darle mantenimiento a las remembranzas que invaden la existencia
de los que nunca conocieron de primera mano los recuerdos idolatrados.
Todo apunta hacia el pasado en un hermoso ejercicio de los sentimientos,
pero nadie afina la puntería de lo que debe ser la “Leal Villa de Santiago de
Managua”. Pero mientras los ciudadanos sueñan a la ciudad, el mercado
calcula: las poblaciones premeditadas por las sociedades anónimas
construyen sus centros a su imagen y semejanza, es decir, sin identidad.
Urbes en serie
Muchos confunden estos multicentros con el centro de Managua, cuando sólo
son enclaves comerciales que florecen ahora en todos los países como
fotocopias pomposas de urbes en series.
Y entre los antiguos recuerdos de abuelos y padres que habitaron en una
ciudad de verdad y los nuevos que provocan estas localidades falsificadas, es
justificable escoger lo original, aunque sea invocado.
Capital al garete, después del terremoto del 72, algunos pensaron en
trasladar el eje hacia Los Pueblos, otros a Granada. Ahora, por las fuerzas
ciegas del mercado, Managua parece repetir sus primeros días de
terremoteada a una escala surrealista: en vez del éxodo de las víctimas,
ahora es la ciudad misma que se fuga de la capital…
¿Dónde está el centro de la capital?
Capital sin centro, encontrarlo es una tarea que superará muchas
administraciones edilicias. Algunas personalidades adelantan sus ideas y otros
pueden incluso apreciar en Managua una metáfora de Nicaragua. Aquí,
algunas consideraciones sobre lo que se piensa del corazón fallado de la
capital:
El escritor Sergio Ramírez Mercado, desde New Haven, nos dice:
Managua perdió su apacible centro provinciano con el terremoto. Pese a
todo, era una ciudad con centro, y cumplía esa regla fundamental de que hay
centro cuando la gente vive allí, y cuando los negocios se cierran, la vida
queda. Es lo que ahora no se ha conseguido, porque hay oficinas públicas,
pero no vida.
Y existen muchos pequeños focos de vida, porque la ciudad se fragmentó en
islas, pero no es una ciudad para la gente porque ni siquiera hay aceras para
caminar, y cuando las hay, se las roban los restaurantes y cantinas, y
obligan a los peatones a tirarse a la calle bajo el riesgo de ser atropellados.
Es una ciudad que perdió el centro, y perdió el alma.
El historiador Aldo Díaz Lacayo:
Creo que el centro, inevitablemente, van a terminar siendo la Catedral y la
Rotonda Rubén Darío. Ahora, si la reconstrucción de la parte norte, es decir,
desde la Rotonda Bolívar hasta El Malecón no se hace en algunos años, el
centro podría trasladarse hasta la intersección de la llamada Pista Cardenal
Obando.
Pero yo percibo que el centro va a ser la Catedral, por la tradición histórica
de que en los centros de las ciudades suelen estar las sedes de los poderes
civiles y eclesiásticos, y ahí están el Consejo Supremo Electoral, el Ministerio
Público, la Policía.
El compositor de “Managua, Linda Managua”, Otto de la Rocha:
Entiendo que el centro lo han querido hacer en Metrocentro. Lo que pasa es
que Managua está toda desparramada, es una ciudad que se ha hecho
grande. Ahora está compuesta por repartos, sobre todo al lado de la
carretera a Masaya. Prácticamente el centro de Managua yo no lo podría
localizar, porque es una ciudad desordenada y sin rumbo.
Pareciera que Masaya se va a unir con Managua. Yo no le veo un centro, ni
como una ciudad que se precie de seria como yo quisiera y como la he
pintado en la canción “Managua, linda Managua”, una chavala de 15 años
que empieza a engalanarse. Espero que los alcaldes ordenen la ciudad. Yo ya
la compuse, ahora falta que la ejecuten.
El sociólogo y economista Cirilo Otero:
A Managua le ha pasado un fenómeno, llamémosle de carácter urbanístico,
bastante común en América Latina, donde se pierde la idea del centro y
nacen nuevos centros, y además conserva varios centros. Esa es una
modalidad nueva, se encuentra en Perú, en Bolivia y en el mismo México,
aunque ahí tradicionalmente se remite al zócalo.
A Managua le ha sucedido lo mismo, pero aquí por displicencia de carácter
político, administrativo y económico a la hora de diseñar la ciudad. Ha crecido
desordenadamente por todos lados, y hay centros de diversión, financiero y
económico hacia la carretera a Masaya, además de los centros comerciales.
Todo se agrava, porque tenemos un sistema de transportación envejecido, y
todo viaje, en bus o en taxi, es demasiado largo: ahí se siente el defecto de
la ciudad. Deberíamos tener líneas de buses por barrios o por distritos.
Debe entrar a funcionar la inteligencia de arquitectos, ingenieros y
economistas para hacer cálculos, y que los tomadores de decisión asuman las
acciones más convenientes en términos de distribución espacial y costos
económicos.
Del nuevo arte
Tampoco la capital ha gozado de la abundancia de dignos monumentos.
Algunos más bien refuerzan su aspecto de ciudad empujada por el azar.
Sin embargo, los mejores no son ni siquiera de la última década del siglo
pasado, sino hermosos testimonios de una Managua que elevaron a la cúspide
Edith Grön y Fernando Saravia.
Más allá del tema político, la estatua metálica en “honor al combatiente
popular”, ubicada cerca “de donde fue” el Teatro González, no colabora en
nada con el ornato de una capital que no termina de hacerse.
Cuando vi a don Fernando Saravia, yo le hablé sobre algunos de los
armatostes que no hacen lucir bien a la capital.
Don Fernando, yo veo algunos monumentos en la capital que sufren de
desproporcionalidad --le dije.
Muchos no se preocupan por buscar las proporciones exactas. Y yo creo que
deben preocuparse por eso.
Está el del “Combatiente Popular”, cerca del Teatro González.
¡Y en el mero centro! Quien hace una cosa fea y peor en un lugar tan
vistoso, lo que hace es exhibirse él mismo.
¿Qué otro monumento debería estar ahí? ¿Usted haría otra cosa?
No, no es el tema, sino cómo se maneja, cómo se hace. Porque usted puede
hacer un dedo y lo hace con precisión, hasta llegar a lo digital.
En el detalle que quede la impresión del dedo. Veo mis manos, un ejemplo,
que son suavecitas, a pesar de que he trabajado duro, pero la forma… la forma