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Carolina López


Hay quienes dedican la vida entera a perjudicar a otros. A atentar contra la imagen de los que no quieren, o les estorban para sus planes.

Mucha gente es imprudente y habla mal del prójimo o de las instituciones sin medir las consecuencias de sus palabras.

No sería difícil descubrir que tras estas actitudes de algunas personas está la frustración, el resentimiento que llevan por dentro, y lo manifiestan dañando a los demás.

Hugo Chávez, por ejemplo, podría encabezar la lista de personajes públicos que, mucho más allá de dedicarse a servir a su comunidad, se dedican a perjudicar y a difamar a sus detractores o a quienes consideran sus opositores de ideas.

Dos de los defectos más sobresalientes de Chávez son, sin duda, su obsesión por hablar de más y por faltar al respeto a los que lo cuestionan. El Presidente venezolano no conoce las buenas maneras. Su soberbia lo domina. Chávez no ha podido o no ha querido quedarse callado cuando la ocasión lo amerita y eso le ha costado numerosas antipatías y desaires de propios y extraños.

Por un lado los venezolanos ya están cansados de las imprudencias de su Presidente. Chávez ha llegado al extremo de interrumpir continuamente programas de televisión para comunicar a su pueblo algo que de pronto le vino a la cabeza.

Por otro lado, países como Estados Unidos e Inglaterra han optado por ignorar al Presidente venezolano. Precisamente el domingo pasado, Hugo Chávez visitó Londres. Tony Blair, la prensa y los mismos londinenses decidieron ignorarlo. Salvo un grupito de unos 40 venezolanos que con pancartas le manifestaron su apoyo, la capital de Inglaterra no le hizo el menor caso a Chávez. Lo desairó por completo.

Otro personaje que trata de perjudicar a la sociedad es sin duda Marcos. El encapuchado de EZLN, hoy autodenominado Delegado Zero, es un hombre que a lo largo de estos años y sin necesidad de quitarse la máscara que cubre su rostro, con sus actitudes y desplantes ya nos mostró quién es y qué quiere.

Marcos, al igual que Chávez, es un hombre que ofende y sataniza a los demás. Que habla por hablar, para llamar la atención, y casi siempre sin conocimiento de causa. El tiempo, como siempre, se ha encargado de poner las cosas en su sitio y demostró que Marcos nunca fue un auténtico guerrillero. De ahí los grupos de indígenas mexicanos que han levantado la voz para aclarar que Marcos no los representa. Más aún, y como lo califican algunos analistas, Marcos se ha convertido en un verdadero parásito de la sociedad mexicana. Un mediocre a quien probablemente alguien le paga por desestabilizar a la sociedad y destruir a las instituciones.

Andrés Manuel López Obrador no se queda atrás. Más que hacer campaña, AMLO se ha dedicado a hacerse la víctima y a perjudicar al Presidente. En marzo, el perredista comenzó a llamar chachalaca a Fox. El término lo utilizó varias veces. Y también advirtió: "Ya no se meta". "¡Cállese, ciudadano Presidente!".

Es tan incongruente el perredista, que a principios de mayo ofreció tregua y apenas el miércoles pasado volvió a lo mismo, a lo que parece ser su fuerte: la agresión verbal, la falta de respeto al estilo Chávez. Esta vez, AMLO le dijo a Fox "títere" y "pelele" de los gobiernos extranjeros.

Le pregunto a Andrés Manuel: si Fox fuera un títere, ¿por qué entonces se opuso a la guerra de Iraq, o le mandó el reciente mensaje a Bush de que los muros que piensan construir en la frontera con México no son de amigos?

El caso es que, como le decía al inicio, hay personas que dedican la vida a perjudicar a otros. Por eso es importantísimo añadir que, gracias a Dios, también existe la otra cara de la moneda. Gente buena que da excelente testimonio con la integridad de su vida y los numerosos frutos de sus obras.

Pero el problema es que en la convivencia humana pasa muchas veces que el odio, el rencor, la amargura y hasta el fanatismo ideológico se posesionan de algunas personas y los llevan a hacer todo lo posible por acabar con los que se dedican a hacer el bien. Por lo general, se lanzan contra los más destacados. A ellos dedico la columna de hoy. A los difamados. A los calumniados. A los perjudicados por los que se dedican a perjudicar. A los que con su silencio, su obediencia y sus obras nos demuestran lo que en verdad son, de la madera con la que están hechos. A ellos les digo que más gente de la que imaginan los reconoce, los estima, los apoya. Y que tengan presente que, a veces, quien sirve incondicional y desinteresadamente, arriesga también su honor y su buena fama.

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http://www.elnorte.com/editoriales/nacional/638724/

Fecha de publicación: 20-May-2006
 
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