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Al otro lado del rio
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"¿Como hubiese siu si todos hubiesemos hablao lo mismo, no?" -Demetrio

Una leccion mas alla del idioma.


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El yungueño Demetrio Medina cayó prisionero y volvió convencido de que faltó comunicación entre bolivianos. Este, su testimonio de guerra.
Recopilación y fotos: Omar Augusto Molina Arrieta

Cuando ha llegau a Chulumani la orden del presidente Daniel Salamanca de que se presenten los voluntarios a la Guerra del Chaco; los jóvenes de Ocobaya nos hemos animau: ¡Vamos a conocer La Paz!, diciendo. Y muchos nos hemos presentado. Yo había cumpliu 19 años. Principios de octubre de 1934 era.

De Ocobaya hemos salido un domingo, como 50 seríamos. Ya en Chulumani nos hemos reniu pal martes 700 hombres. El miércoles vivando nos han despachau con banda. Hemos llegado a Coripata y también con banda nos han recibiu. Ya faltando unos días para Todos Santos, hemos saliu a La Paz a pie; éramos el destacamento Tellería, porque así se llamaba el Comandante.

En Milliwaya bien lindo nos han recibiu, habían cocinado comida de toda clase, en ollas graaandes. A las cuatro de la mañana hemos partiu a Unduavi; nos han recogiu en ferrobús. Así que al día siguiente, domingo ya era, hemos amaneciu en La Paz, ¡una alegría, ¡pues!

Una cosa de ocho o nueve negritos nomás seríamos. No había muchos soldados de la raza, eran casi todos campesinos.

Chicote en las haciendas

De las comunidades de los Yungas al Chaco han ido dos o tres negros; de otras, ninguno... El que ha ido primerito era un tal Eloy Salinas, después un Apuco y un Silverio. Difícil era ir a prestar servicio, los patrones no dejaban, pues.... Es que era grave la vida de los negros en las haciendas.

Al aymara y al negro aquí en Bolivia peor que el perro lo trataban; a puro ¡carajo!, a pura wasca, daba miedo estar en el wacho de la hacienda. El jilakata arrastrando su chicote nomás andaba y un lugarcito mal has cosechau, o si has chonteau mal ¡dos wascasos! Ni quien le diga nada al jilakata. Desgraciados eran. Ni las mujeres se libraban.Tenían una wasca especial con tres nudos de plomo en la punta. Cansado estaba, por eso también me ido a la guerra.



De La Paz al “matadero”

Cuando hemos llegau a La Paz, nos han recibiu en San Pedro, cuartel era. En el entrenamiento, al menos a los negritos, nos querían bien: nos invitaban cosas. Después a la cervecería también nos han llevau, en ese tiempo la cerveza era rica, pero yo no sabía tomar (ja ja ja). Hasta en tutuma cerveza. Así saben darnos y después saben hacernos bailar.

Más queridos hemos siu los negritos porque sabíamos hablar el castellano. Los soldados del altiplano aymara hablaban; los del lado de Cochabamba, Potosí y Chuquisaca, quechua nomás. Así que esa pobre gente ha sufrido grave en las instrucciones; a punta de patada nomás les manejaban. Igual, después, en el Chaco.

De La Paz nos han despediu con banda. Lindo. Hemos viajau hasta Villamontes, al cuartel general del Ejército boliviano. Ahí hemos estau creo tres días y después ya adentro, pal matadero.

Eso había sido la guerra

De noche hemos llegau al fortín Tesen de segundo cuerpo. Los pilas cerquinga estaban esa semana de carnaval; disparaban nomás los morteros. “¡Bolivianitos! —nos gritaban—. Aquí viene un aguinaldo de coca, cigarro, lejía pa’ ustedes” y pum, pum pum... ése había siu su aguinaldo.

Había días que los pilas todo el rato disparaban. ¡Tat tat tat! venía la bala; yo me agachaba, agarraba mi fusil ¡k’aj k’aj! disparaba también, pero no sabía dónde estaba disparando. ¡Jay de la balas que venían! y mi corazón, bum bum bum. Eso había siu la guerra.

Hemos estau en la línea 27 de Noviembre y han atacau fuerte los pilas, se han metiu y nos han cercau. Nos han puesto dos piezas pesadas y éramos 130 nomás. ¡Abrir fuego! Hemos abierto fuego y nos han metiu bala, como echando con la mano, carajo.

Un muerto ha caiu de mi delante; yo lo he acomodau y me he metiu debajo del muerto. No me he moviu más toda la noche; escuchaba que soldaditos jay gritaban: ¡acabame de matar!, pedían. Al día siguiente ¡k’an! mey metido al chume. Un soldadito ha parecido, después otro, otro y otro, que hemos siu cuatro. Tonteando nos hemos quedau dos días y dos noches; sin comer y sin tomar agua.

Hemos empezau a caminar, pero no sabíamos si estábamos yendo al norte o al sur. Cuando, en un lugar de esos, nos dicen ¡manos arriba! Al lado de los pilas nos habíamos ido. Un soldadito de los cuatro había tenido todavía cartucho... ¡kh’an kh’an! a un pila lo ha matado. Lo han agarrau a ése, lo han pateau, lo han amarrau a un tronco. A mí más me han mirau los pilas y listo: preso.

Prisionero de guerra

“No sé como nos hemos salvau esa vez. Ya presos nos han sacado con dirección a Puerto Casado. 48 horas, nada hemos comiu hasta que, apenas, hemos pescau en el río y crudo el pescado hemos comiu. En el caminio, los pilas nos han puesto en un corralón de manejar ganado; dos días y hemos partiu a Asunción.

En Asunción nos han hecho desfilar por ande el Palacio de Gobierno, puro prisioneros, por la calle Estrella nos han llevau hasta un lugar que se llama Tacumbú que había siu alambrado, como el estadio La Paz. tenía alambre de púas alrededor así que ni con la mano podías tocar. Ahí votau los bolis habían estau.

Siguiente día eso de las 8 ha llegau una volqueta y de ahí ha bajau un hombre que me ha gritau: “¡Ese brasilero, venga. Hey ido yo. “¿Yuté por qué viene de Brasil a pelear con Paraguay?”, me dice. “Yo no soy brasilero mi jefe”, le digo. “A la Bolivia no hay negros”, me dice. “Habemos negros en Bolivia”, le digo. “¿De qué parte de la Bolivia eh?”, me pregunta. “Yo soy parte de Nor Yungas”, le digo. “¿Usted trabaja agricultura?”, sí trabajo”. “¿Y qué hace producir en los Yungas”, me pregunta. “En ahí, yo pongo la coca, pongo arroz, yuca, plátano, walusa, maíz, frijol, naranja, mandarina...Todo, eso”. “¿No es de Brasil, no sabe hablar portugués?”. “No sé que será portugués,” le digo. “¿Usted qué sabe hablar?, me dice. “Sé hablar castellano”. “¿Y qué más? “Un poco de aymara domino”.

Después me ha preguntau: “Ahora, ¿quiere ir conmigo a trabajar agricultura aquí a Paraguay?”. “Cómo no, mi jefe —le digo— Quiero ir”. “Bueno, busque 18 bolivianos más, con usted 19, para llevar a mi quinta a trabajar”. Y nos ha llevau, pues. Había siu el comandante Juan Ayala y después en una fábrica de ladrillos nos ha hecho trabajar. Duro era, pero había también comida. Hasta eso había termau la guerra y nosotros sin saber, un año más hemos estau donde los pilas.

El regreso del “muerto”

Me veniu de Asunción de ocultas. Junto conmigo se ha llegado mi primo Valentín. Aquí nadie sabía si estaba vivo o si estaba muerto. Ni noticia. Entonces ya me han dado por muerto. Estaba bien todavía mi papá en esos años; era Mariano Medina, vivía en el lugar de Coloni, y había tratado de darme una misa de alma en Coripata, con mis hermanas. Tenía yo dos hermanas mayores que habían llevado duelo y habían llevado luto todititos mis primos.

Cuando en 1937, en el mes de enero hey llegau a La Paz, habían estau yendo al cuartel mis primos y hey llegau a la fiesta en Cocayapu. Se han sorprendido graave ¡El muerto se ha vuelto!, diciendo (ja, ja, ja,); después nos hemos alegrado juntos.

Lecciones de campaña

En el Chaco no nos entedíamos. El Mayor daba la orden. ¡Qué se replieguen a la izquierda porque los pilas nos están atacando desde la derecha!, y así había pasau la voz de mando hasta que se había encontrau un quichua y un aimara. No se han entendiu, el uno qué lo diría, el otro qué lo hayga dicho, no se han entendiu ninguno y al último nos hemos replegau a la derecha. Así nos han derratau hartas veces. ¿Como hubiese siu si todos hubiesemos hablao lo mismo, no?

Volviendo de la guerra he entrado a la escuela nocturna. He aprendido poquito a escribir en el Chaco y aquí ya he terminau; mis hijos también, después. El tiempo de la guerra he visto que sufría el que no sabía leer y escribir.

Demetrio Medina Peralta, ex combatiente y vecino del pueblo Cocayapu en Sud Yungas, dio tres entrevistas con intervalo de dos meses durante el año 2006 a Omar Augusto Molina Arrieta, quien trabajaba en su tesis para la carrera de Antropología de la UMSA.

Medina nació en 1916 en Yungas; se enlistó como voluntario en la Guerra del Chaco (1932-1935) y cayó prisionero en Paraguay tres meses antes de la firma de paz. Don Demetrio falleció en su pueblo natal el 2007, a los 91 años. Esta transcripción de su testimonio respeta los giros de la oralidad.


http://www.la-razon.com/versiones/20090726_006800/nota_277_850188.htm



Su Casa en Cocayapu


A los 90 años


Retratado en el 2006. Fallecio el 2007 a los 91 años


Con su esposa de 70 años


Carnet de ex combatiente de la guerra del Chaco.
 

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No creo, si es por eso nosotros tenemos dos idiomas y muchas veces es muy difícil la comunicación entre los paraguayos mismos.
teoricamente alla el 90% habla guarani y espanhol

en bolivia y esa epoca mas aun, o hablaban aymara, o quechua, o guarani, o espanhol....pocos bilingües, como dice el relato apenas se comunicaban :eek:hno:.....

pero weno, igual no lo decia como la unica razon de peso....sino uno mas de los motivos supongo
 
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