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Por: Camilo Ernesto Ramírez Garza, Miércoles, 31 de Mayo de 2006

A lo largo y ancho de la historia, hemos construido instrumentos que permitan "dar cuenta" de que el tiempo ha pasado.

El tiempo, según fue explicado por Einstein, es relativo al espacio. Esto es, la sucesión de los momentos articulados, transcurren extendiéndose de un espacio determinado.

Si viajásemos hacia el espacio a la velocidad de la luz ( 300,000 kilómetros por segundo.

Año luz: la distancia que recorre la luz en un año: diez billones de kilómetros, aprox.) y volteáramos a la tierra, veríamos el pasado de ésta.

Además, si viajásemos por el universo a la velocidad de la luz el equivalente a dos años, al regresar a la tierra, encontraríamos a nuestros conocidos más viejos que nosotros.

¡Tal vez el mejor antídoto contra el envejecimiento sea viajar a la velocidad de la luz! Desafortunadamente, de hacerlo, nos desintegraríamos.

Por otro lado. El tiempo es medido y registrado. Es vivido. A lo largo y ancho de la historia, hemos construido instrumentos que permitan "dar cuenta" de que el tiempo ha pasado.

Los hay desde los más simples, basados en la observación de la posición del sol, las estrellas; los cambios en la temperatura y presión atmosférica.

Hasta los sofisticados relojes atómicos. Otro "registro" del paso del tiempo es el cuerpo.

Las transformaciones que de la imagen observamos a lo largo de la vida. En ese sentido el tiempo es notado por el cambio: pe . Envejecimiento; el reo que inscribe en su carne una herida, permitiéndole (a)notar el paso del tiempo, dentro de la vida rutinaria del centro penitenciario.

Es el mismo principio -e incluso más Real, que el del estudiante de primaria que anota con ansias en un calendario los días que faltan para salir de vacaciones.

De ambas dimensiones: la del tiempo en cuanto entidad Real, sujeta a las leyes de la física; y el tiempo, como espacio de las transformaciones, participa el Sujeto.

Incluso sin estar advertido. Como decía Newton, "El estar sujeto a las leyes físicas no requiere estar de acuerdo con ellas, o siquiera conocerlas" Por otro lado la vivencia del tiempo serían las formas en cómo ese tiempo es vivido, apreciado y considerado.

De ahí que el ser humano sea el único animal que puede llevar un registro rememorativo de lo sucedido, (memoria e historia) poseyendo formas subjetivas particulares de existir; posicionarse frente a los hechos de su vida: los deseos, el amor, el trabajo, la muerte... En tal sentido, eso llamado existencia humana tiene diferentes momentos descritos -lamentablemente- en cierta continuidad numérica, es decir lineal: infancia, juventud, adultez, senectud.

En donde la idea de desarrollo plantea su sucesión y superposición, así como su retroceso.

Ciertamente cada una de ellas tendrá diferentes búsquedas y problemas.

Debido a los requerimientos de la vida actual, pasamos más de dos décadas enfocados a la formación y educación.

Preparándonos para la vida pública y económicamente activa. Mientras otras especies nacen con sus habilidades ya adultas, casi instaladas en su totalidad.

Las siguientes tres décadas son de logros profesionales y económicos. Mientras que en la senectud, la vida y su tiempo se aprecian de otras formas.

Mientras que el niño y el joven tienen la ilusión de siempre tener tiempo para la siguiente ocasión, para el siguiente día, la próxima semana; el año que viene.

El anciano, sabe que el final de su vida está ya cerca. Para él, el tiempo es el ahora.

El futuro, el presente. ¡Como en realidad siempre lo fue! En la infancia, juventud y adultez.

Pero del cual no éramos tan concientes. Lamentablemente la vida actual, relega al anciano al estatus de improductividad; pues las reglas económicas regulan la vida social y familiar, la felicidad, al grado de verlos como carga.

Quedando la experiencia y sabiduría desplazadas, tomando su lugar -absurdamente- los conocimientos certificados mediante títulos e instancias que avalen lo aprendido.

En lugar del acto que autentifica. Como a un cantante, cantando; a un actor, en la escena.

Privando a cada quien (individuo, instituciones, sociedad y empresas) de voz propia que los autentifiquen ante los otros, por el servicio que dan, en pro del trato, y no por "decir" o colgar ISOS en la pared de las recepciones y oficinas.

En donde el tiempo parece correr cada vez más de prisa.

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Nota de El Porvenir.com.mx
http://www.elporvenir.com.mx/notas.asp?id=68176
 
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