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En la pura hueva...
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Estrictamente personal
Raymundo Riva Palacio
28 de abril de 2006

Ajustes necesarios

Andrés Manuel López Obrador salió este miércoles al posdebate con un acto multitudinario en la ciudad de México. Que no le afectó, que sus adversarios no hablaron en absoluto de un programa de gobierno austero, y que al no asistir al primer debate presidencial, lo que hizo fue "pintar mi raya", afirmó. El auditorio amigable lo coreaba.

Por la mañana y por la noche, sus francotiradores continuaron la campaña contra el panista Felipe Calderón Hinojosa que ya dura un mes, coincidente con el inicio de las encuestas presidenciales que empezaron a mostrar la tendencia al empate técnico. Tienen una sola voz: las encuestas de otros son manipuladas; la de ellos le da 10 puntos de ventaja al candidato perredista. Esta es, dicen, la única que cuenta.

Esto es perfecto para efectos de propaganda electoral y la respuesta correcta para salir al público. (...) El problema de López Obrador es otro. Está convencido de que las cosas son como las afirma. La realidad no es como la perciben los otros, sino como él la percibe. Se puede decir que está tocado con "El paradigma de la rana".

Ejercicio clásico en Teoría de Juegos, este paradigma consiste en colocar a una rana en un balde de agua tibia donde se le suelta a nadar. Gradualmente se va subiendo la temperatura al agua, pero la rana nunca acusa la alteración del entorno. La temperatura del agua va subiendo y, hasta que empieza a hervir, la rana nota que algo raro está sucediendo. Para cuando se da cuenta que todo lo que la rodea cambió, es demasiado tarde: la rana se coció por dentro. Esto sucede por no reconocer el cambio de los factores externos para tomar medidas y corregir rumbos, que suele ser una de las razones de los fracasos de los individuos o de las instituciones.

López Obrador no se quiere dar cuenta de que su entorno electoral cambió, y que esos 10 puntos de diferencia creada por el desafuero es una burbuja que se evaporó, de manera natural, desde hace un par de meses. No lo vio y cometió el error de gritarle chachalaca al Presidente, regalándole al Partido Acción Nacional el primero de una serie de spots negativos que fue utilizando como boxeador técnico golpeándolo arriba y abajo. Contenido por 48 horas cuando en su equipo sintieron el daño en el electorado, el grupo de asesores que tiene más influencia sobre él lo persuadió de retomar el mazo para pegarle al presidente Vicente Fox quien, ciertamente, no ha dejado de hacer campaña en contra del candidato de la izquierda.

Sin salir de la sorpresa chachalaca, el PAN le recetó otro spot donde mencionaban el endeudamiento del Distrito Federal cuando López Obrador lo gobernó. Lo mejor que se les ocurrió fue sacar a la notable escritora Elena Poniatowska en un contraspot donde decía que los panistas calumniaban a su candidato. De acuerdo con personas que tienen información interna de la campaña, ese spot fue una improvisación. Nunca se probó el spot, como marcan los manuales de estrategias electorales, en grupos de enfoque para medir su impacto, ni fue resultado de una investigación de campo. Este es otro factor de la crisis que enfrenta hoy la campaña de López Obrador: no tiene investigación. Contrató para esa tarea a la encuestadora en decadencia Ana Cristina Covarrubias, que sólo ha hecho encuestas, pero en ningún momento, hasta donde se sabe, grupos de enfoque e investigación del electorado.

Es decir, de la improvisación que campea en su campaña no quiere darse cuenta. Sólo como comparación, la campaña de Felipe Calderón realiza un tracking poll diario para medir el pulso del electorado, además de realizar unos 10 grupos de enfoque en el país para revisar cómo va el candidato panista y qué fortalezas y debilidades encuentran en sus adversarios. Adicionalmente desarrollan investigación electoral en todo el país, de la cual ha obtenido la guía para la elaboración de los spots negativos. No conformes con ello, mantienen una disciplina política discursiva homogénea, donde Calderón y todos sus voceros recitan la misma línea de ataque o de propuesta en cada foro al cual van, o en cada discurso en mítines o en audiencias controladas. Nada de esto tiene López Obrador, a quien no le han dicho que las campañas no se ganan con voluntarismo, sino con técnica y estrategia.

López Obrador no las tiene y, peor aún, lleva dos meses entrampado y a la defensiva. Su discurso del posdebate es un ejemplo de cómo perdió la agenda, tras haberla controlado por dos años. No recuperó la iniciativa, sino fue detrás de sus rivales comentando lo que percibió como debilidades, y mantiene como única argumentación contra los spots negativos una no argumentación: son calumnias. Esa misma actitud tuvo el candidato demócrata a la Casa Blanca, John Kerry, cuando en spots cuestionaron su heroísmo en la guerra de Vietnam. Kerry, quien aventajaba a George W. Bush, respondió solamente que eran calumnias. Cuando modificó su estrategia era demasiado tarde. Kerry, como aquí López Obrador, subestimaron al elector y no le dieron explicaciones. Este no quiere aceptarlo, pese a haber perdido la iniciativa política.

Hoy está muy molesto con las encuestas que lo ubican en segundo lugar o empatado con Calderón, pero no se ha detenido en ver un indicador más grave: en todas, su imagen va cayendo, encontrándose abajo del peor nivel que había tenido cuando los videoescándalos, en 2004. Su imagen ante el electorado va en declive, mientras que la de Calderón va subiendo. Quienes estudian comportamientos electorales saben que el declive en imagen es un preludio de la caída en preferencias electorales. López Obrador va cayendo no tanto por los atributos de Calderón, sino por sus propios errores.

(...)

***

Hasta aquí... lo demás sólo para masoquistas :)

Fuente: http://www.eluniversal.com.mx/columnas/57309.html
 
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