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30 años

30 años sin rascacielos en Euskadi, desde las torres de Zabalburu hasta la BEC Tower.

por fin volvemos a empezar.


Domingo, 20 de febrero de 2005

Treinta años de paréntesis
C. C./BILBAO

En los últimos treinta años no se ha inaugurado en el País Vasco ningún edificio de 75 o más metros de altura. Desde la apertura en 1975 de la última de las torres de Zabálburu, en Bilbao, hasta la del BEC, en Barakaldo -cuyas obras aún no han terminado- ningún edificio de esas dimensiones se ha incorporado al paisaje urbano vasco. Sin embargo, en los últimos años sesenta y primeros setenta hubo una más que notable euforia constructora en Bilbao, la única capital de la comunidad autónoma que cuenta con edificios de esas dimensiones: tras la construcción de la sede del entonces Banco de Vizcaya (hoy BBVA) en la Gran Vía de Bilbao, que con sus 85 metros sigue siendo el edificio más alto de la ciudad, surcaron su cielo las tres torres de La Casilla (inauguradas en 1971) con 75 metros, y las torres III, IV y V de Zabálburu, de la misma altura e inauguradas entre 1971 y 1975. Y ahí terminó esa etapa de fervor por la construcción en vertical.

Pero la moda de los rascacielos ha vuelto. En unos meses se inaugurará la torre del BEC, que con sus 98 metros fijará un nuevo récord de altura en Euskadi. Récord que debe tener una vida más breve que el establecido por la sede del BBVA, porque la torre Iberdrola, diseñada por César Pelli, se levantará hasta los 160 metros, lo que la convertirá en el segundo rascacielos más alto de España. Con una altura de 95 metros, una de las torres de Bolueta (las otras tienen 80 y 60) se situará también entre las más altas. Y el complejo diseñado por Isozaki para Uribitarte será con sus 82 metros otra de las referencias en la línea del cielo de Bilbao.
 

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SOCIEDAD

Camino al cielo

Los rascacielos cambian la vida y la fisonomía de las ciudades y usan una tecnología punta que, sin embargo, no les hace invulnerables

CÉSAR COCA/BILBAO

El rascacielos es el objeto arquitectónico más genuino del siglo XX, un desafío continuo a los límites del diseño y la construcción, el símbolo de las ciudades contemporáneas y el telón de fondo de todas las utopías de las últimas décadas. Nada representa mejor al capitalismo global y la revolución urbana, pero es también desde el 11-S el icono del máximo terror. Discutido, admirado, denostado y temido a partes casi iguales, el rascacielos como modelo arquitectónico y elemento urbanístico está de nuevo en tela de juicio, y no sólo porque el pasado fin de semana el edificio Windsor, en Madrid, se convirtiera en una tea de casi 100 metros de altura.

El punto de partida de esta carrera por construir edificios cada vez más altos tiene una fecha concreta, 1871, y un lugar: Chicago. Ese año, un incendio arrasó el centro de la ciudad. A la hora de su reconstrucción, eran muchas las empresas que querían instalar sus oficinas allí, de manera que los arquitectos, aprovechando que la tecnología del momento ya permitía construir esqueletos metálicos para los edificios, y ascensores para facilitar el acceso a los pisos altos, diseñaron los primeros rascacielos. Tenían aún menos de 20 pisos y su objetivo era responder a la demanda de oficinas y al mismo tiempo liberar algo de suelo en el centro de la ciudad.

A partir de ahí la historia es conocida: pronto Nueva York desplaza a Chicago por el número y la calidad de sus edificios en altura, como se les llamaba en sus inicios, hasta que en las últimas décadas es Asia el continente que acapara todos los récords en una carrera que, en opinión del arquitecto César Azcárate, de Idom (coautor junto a Esteban Rodríguez, de Sener, de la torre del BEC, en Barakaldo), «tiene bastante de exhibición tecnológica». La tecnología es justamente la clave en unas construcciones en las que todo debe estar calculado con precisión milimétrica porque hacen frente a desafíos enormes. Quizá por eso se explica que en muchos casos el alarde tecnológico sea demasiado evidente, hasta el extremo de ocultar otros valores arquitectónicos, dice Azcárate en tono crítico.

La línea del cielo

Javier Cenicacelaya, catedrático de Arquitectura de la Universidad del País Vasco (UPV/ EHU), es mucho más tajante cuando habla de un modelo de construcción «formalmente agotado» en lo estético. :bash:

Uno de los mayores impactos de los rascacielos es precisamente el estético. En Manhattan, constituyen el elemento imprescindible de la imagen de la ciudad. «Nueva York no sería lo que es sin los rascacielos», asegura Antonio Lamela, el autor de las Torres de Colón, en Madrid. «Condicionan el paisaje desde fuera y desde dentro», explica. Sin embargo, son muchos los arquitectos que tienen dudas sobre la estampa de esos colosos recortándose en el horizonte. Cenicacelaya recuerda que Frank Lloyd Wright, el gran arquitecto estadounidense, autor de la 'Torre de una Milla', un edificio-ciudad utópico de 1.600 metros de altura (fue diseñado en 1956), era muy crítico con el impacto estético de los rascacielos. «Lo era sobre todo -explica Cenicacelaya- porque a su juicio el perfil de ciudades como Chicago no lo dominaban edificios públicos, sino privados, de forma que representaban el lucro y la codicia».

Son muchas las ciudades, sobre todo europeas, que han establecido severos límites a la altura de los edificios, en un intento de preservar una estampa característica. Es el caso de capitales como Viena o Praga, «ciudades con un perfil histórico bien proporcionado», como dice César Pelli, autor de las Torres Petronas, en Kuala Lumpur, y, mucho más cerca, del proyecto para Iberdrola, en Abandoibarra. Ahora bien, a Pelli también le parece que «a veces, una forma alta y esbelta puede hacer realzar las formas horizontales, así que en vez de romper la silueta de la ciudad la robustecería». :righton:

Creen una estética poderosa o rompan una imagen que merecía ser preservada, los rascacielos operan cambios radicales en la ciudad en la que se asientan. Por la tendencia a construir unos próximos a otros, y por su uso, en general administrativo, los distritos poblados por rascacielos se convierten en islas dentro de las ciudades. «Quedan deshabitados a las siete de la tarde y los fines de semana. La propia zona de Azca, donde está la torre Windsor, es el mejor ejemplo de la desertización que esos rascacielos producen», comenta Víctor Urrutia, catedrático de la UPV/ EHU, especializado en Sociología Urbana. Por eso, la solución del nuevo urbanismo parece estar en combinar rascacielos de oficinas con otros residenciales, para no dejar despoblados esos distritos que además suelen estar en el centro de las ciudades.

Vulnerabilidad

Algo que no parece tan fácil, porque no todo el mundo está dispuesto a vivir a más de cien metros sobre el suelo. Vivir o trabajar en las alturas es símbolo de poder; lo escenifica, como dice Urrutia. «De hecho, las presidencias y las direcciones generales de las grandes corporaciones están siempre en los últimos pisos», apunta José M. Galletero, profesor de Psiquiatría en la UPV/EHU. La vista de una ciudad desde lo alto de un rascacielos es sin duda fantástica, pero a muchas personas no les compensa. Algunas tienen vértigo. Otras, simplemente, no quieren correr el riesgo de quedar atrapadas en el piso 50 sin poder bajar a la calle si hay un prolongado apagón. Aunque si sale adelante el proyecto que preparan Antonio Lamela y su equipo (el rascacielos para uso residencial más alto del mundo, con terrazas ajardinadas a mitad de altura), no será preciso moverse tanto para percibir las sensaciones propias de la calle.

Con todo, la fobia a los rascacielos se justifica por la vulnerabilidad de los mismos. Cenicacelaya no olvida su enorme dependencia energética (son voraces consumidores, aunque por persona lo son aún más las colonias de chalets tan de moda en los últimos años), pero destaca sobre todo la posibilidad de que en este mundo de gran inestabilidad internacional algunos rascacielos famosos se conviertan en objetivo preferente para grupos terroristas, como pasó el 11-S. «No se trata de crear alarma, pero hay que pensar en ellos de forma crítica. ¿Cómo se puede desalojar uno de esos enormes edificios ante una situación de emergencia extrema?», se pregunta. Y Galletero recuerda los problemas que hubo para vender y alquilar oficinas en el rascacielos de Foster, en Londres, tras los ataques a las Torres Gemelas, porque empresas y trabajadores temían estar en un edificio tan destacado. Mucha gente, explica el profesor de Psiquiatría, relaciona de inmediato ciertos sucesos con sus experiencias negativas, lo que alimenta aún más sus fobias.

Pese a todo, no parece que el futuro vaya a prescindir de los rascacielos. «Los edificios en altura, no necesariamente rascacielos, se han convertido en componentes muy útiles de las ciudades contemporáneas», justifica Pelli. La escasez y carestía de suelo, la necesidad de las grandes corporaciones de situarse relativamente próximas y su mismo valor como símbolos de poder seguirá impulsando la construcción de rascacielos. El problema está, dice Azcárate, en la dificultad de hacer las cosas bien para lograr un equilibrio razonable. «Antes había menos variables, pero ahora hay muchos intereses de todo tipo en juego», comenta. Por eso, y por las propias características de estos edificios, Cenicalaya recomienda verlos con una mirada crítica. Camino al cielo, sí, pero con pies de plomo. :wtf:
 

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Teddy Boy said:
30 años sin rascacielos en Euskadi, desde las torres de Zabalburu hasta la BEC Tower.

por fin volvemos a empezar.


Domingo, 20 de febrero de 2005

Treinta años de paréntesis
C. C./BILBAO

En los últimos treinta años no se ha inaugurado en el País Vasco ningún edificio de 75 o más metros de altura. Desde la apertura en 1975 de la última de las torres de Zabálburu, en Bilbao, hasta la del BEC, en Barakaldo -cuyas obras aún no han terminado- ningún edificio de esas dimensiones se ha incorporado al paisaje urbano vasco. Sin embargo, en los últimos años sesenta y primeros setenta hubo una más que notable euforia constructora en Bilbao, la única capital de la comunidad autónoma que cuenta con edificios de esas dimensiones: tras la construcción de la sede del entonces Banco de Vizcaya (hoy BBVA) en la Gran Vía de Bilbao, que con sus 85 metros sigue siendo el edificio más alto de la ciudad, surcaron su cielo las tres torres de La Casilla (inauguradas en 1971) con 75 metros, y las torres III, IV y V de Zabálburu, de la misma altura e inauguradas entre 1971 y 1975. Y ahí terminó esa etapa de fervor por la construcción en vertical.

Pero la moda de los rascacielos ha vuelto. En unos meses se inaugurará la torre del BEC, que con sus 98 metros fijará un nuevo récord de altura en Euskadi. Récord que debe tener una vida más breve que el establecido por la sede del BBVA, porque la torre Iberdrola, diseñada por César Pelli, se levantará hasta los 160 metros, lo que la convertirá en el segundo rascacielos más alto de España. Con una altura de 95 metros, una de las torres de Bolueta (las otras tienen 80 y 60) se situará también entre las más altas. Y el complejo diseñado por Isozaki para Uribitarte será con sus 82 metros otra de las referencias en la línea del cielo de Bilbao.
que fuerte usan los datos de emporis xDDDDDDDDDDDDDDDDDD
 

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Teddy Boy said:
la torre Iberdrola, diseñada por César Pelli, se levantará hasta los 160 metros, lo que la convertirá en el segundo rascacielos más alto de España.
Ya veremos si en 2010 o 2012, para cuando esté terminado, es el segundo o... :sleepy:
 

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Teddy Boy said:
30 años sin rascacielos en Euskadi, desde las torres de Zabalburu hasta la BEC Tower.

por fin volvemos a empezar.


Domingo, 20 de febrero de 2005

Treinta años de paréntesis
C. C./BILBAO

En los últimos treinta años no se ha inaugurado en el País Vasco ningún edificio de 75 o más metros de altura. Desde la apertura en 1975 de la última de las torres de Zabálburu, en Bilbao, hasta la del BEC, en Barakaldo -cuyas obras aún no han terminado- ningún edificio de esas dimensiones se ha incorporado al paisaje urbano vasco. Sin embargo, en los últimos años sesenta y primeros setenta hubo una más que notable euforia constructora en Bilbao, la única capital de la comunidad autónoma que cuenta con edificios de esas dimensiones: tras la construcción de la sede del entonces Banco de Vizcaya (hoy BBVA) en la Gran Vía de Bilbao, que con sus 85 metros sigue siendo el edificio más alto de la ciudad, surcaron su cielo las tres torres de La Casilla (inauguradas en 1971) con 75 metros, y las torres III, IV y V de Zabálburu, de la misma altura e inauguradas entre 1971 y 1975. Y ahí terminó esa etapa de fervor por la construcción en vertical.

Pero la moda de los rascacielos ha vuelto. En unos meses se inaugurará la torre del BEC, que con sus 98 metros fijará un nuevo récord de altura en Euskadi. Récord que debe tener una vida más breve que el establecido por la sede del BBVA, porque la torre Iberdrola, diseñada por César Pelli, se levantará hasta los 160 metros, lo que la convertirá en el segundo rascacielos más alto de España. Con una altura de 95 metros, una de las torres de Bolueta (las otras tienen 80 y 60) se situará también entre las más altas. Y el complejo diseñado por Isozaki para Uribitarte será con sus 82 metros otra de las referencias en la línea del cielo de Bilbao.
Pues si que han cogido los datos de emporis si...XD

No dicen nada de las Torres de San Vicente que han sido inauguradas en los ultimos años.

PD: cual es la fuente de la noticia?
 

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mas informacion sacada de emporis en Euzko Deya :D

El skyline vasco no resiste la comparativa en la escala mundial

EL SKYLINE vasco sigue en la actualidad coronado por la torre del BBVA, en la capital vizcaina. Con sus 85 metros de altura es el gigante vasco desde hace la ‘‘friolera’’ de casi cuarenta años, en concreto desde 1968. Pero en pocos años, la ‘‘cumbre’’ de Euskadi será la sede de Iberdrola, en Abandoibarra.

El edificio ideado por César Pelli constará de 160 metros y 35 plantas, erigiéndose en la construcción de mayor envergadura del País Vasco. Cercano al museo Guggenheim acogerá a Iberdrola, Bilbao Ría 2000 y otras oficinas.

César Pelli, el también autor de las torres Petronas, con más de 400 metros, es un gran defensor de los rascacielos.«Los rascacielos tienen grandes ecos emocionales en el público. Los seres humanos somos verticales, con los ojos colocados en la parte alta del eje. Nuestra condición erguida hace que tendamos hacia lo alto. Los faraones estaban enterrados en el sótano, pero encima se hacían construir unas pirámides que hasta hace relativamente poco fueron las construcciones más altas de Occidente. Los zigurat mesopotámicos, las torres de defensa, están ahí como un deseo de crecer».

Las torres de Isozaki marcarán otro hito en altura y ya es visible el esqueleto de los edificios diseñados por Arata Isozaki. La estructura de la primera estará lista en pocos días y roza los 83 metros de altura. Los dos inmuebles que formarán ‘‘la puerta de Bilbao’’ tienen un total de 22 plantas cada uno de ellos. Curiosamente, los ascensores de emergencia llevan la misma firma que el edificio Colón, en Barcelona, con 110 metros de alturas. Pero Bilbao cuenta con un total de 19 edificios de más de 70 metros y otros 17 entre 60 y 70. Como, por ejemplo, las dos torres de Blas de Otero o las torres de Etxezuri, ubicadas en Sabino Arana y que se elevan a setenta metros repartidos en un total de 19 plantas.

Los gigantes de Salburua

Hasta el momento, la atalaya más alta de Gasteiz era la torre de la catedral de Santa María con 59 metros. Pero ahora son las torres de Salburua, que compondrán el desarrollo más importante de Vitoria. Se trata de un complejo formado por cuatro torres residenciales de 15 plantas cada una aunque en este momento sólo se levantan dos.

Se da la circunstancia de que una de ellas se quemó también recientemente. Aunque resultaron heridos dos trabajadores, sólo resultó ennegrecida la fachada por lo que su construcción va a acumular muy poco retraso.

Estos son los techos de Gasteiz ya que las Torres Gaztelbide no rebasan las once alturas, dimensiones similares a las del barrio de Adurtza. Todas ellas ocupadas por viviendas.

Cima en Atotxa

En la capital guipuzcoana, la Torre de Atotxa, con veinte plantas, es el edificio más alto de Donostia. Esta torre cuenta con 18 pisos más una planta baja de dos alturas. En Bidebieta hay también varias torres de 16 pisos más planta baja. En Amara, existen un total de cinco torres de 17 pisos que alcanzan los 53 metros de altura mientras que el hotel Tryp Orly es la instalación hotelera más elevada con un total de 13 pisos.
 

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Pisos a prueba de fuego

La mayoría de las torres más altas de Gipuzkoa fueron edificadas cuando la reglamentación sobre prevención de incendios era menos restrictiva que ahora

SAN SEBASTIÁN. DV. Ni colosos ni rascacielos. El skyline de Gipuzkoa nada tiene que ver con el de grandes ciudades como Madrid o Benidorm, que ostenta el récord de tener el mayor número de edificios altos de la península. Y qué decir de Nueva York. Aquí, los inmuebles que crecen en vertical no aspiran a tocar el cielo, aunque algunos traten de acercarse. Es el caso de la torre de Atotxa, en Donostia, los sputniks o supositorios de Tolosa o la eibarresa torre Unzaga.

Todos ellos tienen poco que ver con la torre Windsor, cuyas oficinas fueron devoradas por el fuego hace una semana. En los edificios, las medidas contra incendios varían dependiendo de la altura y del uso que se le dé. No es lo mismo que sea administrativo, un hotel o un edificio de viviendas, como es el caso de los rascacielos guipuzcoanos. La mayoría de estos fueron construidos antes de que se comenzara a aplicar la norma estatal de condiciones de protección contra incendios de 1996 (NBE-CPI-96).

Javier Bayona, inspector jefe del Servicio de Prevención, Extinción de Incendios y Salvamentos del Ayuntamiento de San Sebastián, explica que en Donostia no hay todavía una ordenanza específica sobre este tema y se aplica la norma básica del 96. Subraya que cuando en la década de los 70 se edificaron las primeras torres altas de Gipuzkoa, los criterios en este tema eran muy distintos a los actuales, por lo que la mayoría de estas edificaciones no cumplen los requisitos que se les exigirían hoy en día. Pero, ¿qué medidas debe cumplir un bloque de viviendas si fuese construido ahora? Depende de la altura de evacuación más desfavorable, o lo que es lo mismo, del número de plantas. Lógicamente, cuanta más altura, se exigen más requisitos.

Para seguir leyendo el artículo, haz click aquí (solo habla de normas anti-incendios)

El Diario Vasco
 

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Un 'rascacielos' de más de 70 metros



La torre de Atotxa vista desde el otro lado del Urumea. [J. J. AYGÜES]

Si alguna torre destaca en el skyline de San Sebastián, esa es sin duda alguna la torre de Atotxa. Aunque en la capital hay otros edificios de considerable alzada, como los cinco de Amara que cuentan con 17 pisos, es la torre de Atotxa -testigo de tantas tardes gloriosas de fútbol- la que destaca por encima de todas. Levantada en una zona céntrica de la capital donostiarra, su imagen se impone sobre el resto de los edificios colindantes. Según consta en la ficha catastral de la Diputación, su construcción finalizó en 1973.

El número 30 de la calle Duque de Mandas cuenta con dos sótanos, una planta baja, una planta comercial, otra planta diáfana, 17 plantas de viviendas, una planta de trasteros y otra planta de viviendas. Entre todas suman cerca de 76 metros de altura.

El edificio cuenta con una gran entrada, y bajando unas escaleras se accede a la zona de ascensores. El inmueble cuenta con dos manos, cada uno de ellos equipado con tres ascensores y una escalera.

Con el paso de los años, los vecinos de la torre han ido incorporando algunas medidas para casos de incendios. Así, el inmueble cuenta con dos columnas secas, bien identificadas en el exterior con unas placas. En las dos últimas plantas hay detectores y en las entreplantas se han instalado extintores para sofocar las llamas.

El Diario Vasco

 

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Los cinco 'sputniks'


Los sputniks tienen 41 metros de altura. [BEATRIZ]

En Tolosa hay cinco edificios considerados altos, los que popularmente se conocen como sputniks. En cada uno de ellos hay 24 viviendas, cada planta se distribuye en cuatro viviendas y todas ellas tienen dos plantas (dúplex). Los rascacielos de la villa papelera tienen una altura de 41 metros y fueron construidos en la década de los 70.

Hasta ahora no se ha producido en estos edificios ningún incendio, y en cada planta cuentan con un extintor. Bien cerca de estas torres se encuentra el parque de bomberos de Tolosa. Desde el parque subrayan que «la competencia en prevención de incendios no está en manos de los bomberos, sino que corresponde al Ayuntamiento de cada municipio».

El Diario Vasco
 
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